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jueves, 8 de mayo de 2014

On air: 223 negritas

Llevo casi dos meses sin actualizar este blog. Entre una cosa y otra mis últimos artículos no han merecido quedar por escrito para el recuerdo. Sin embargo, esta semana he decidio colgar, lo antes posible mi columna semanal. Es mi particular y mínimo homenaje a esas 233 niñas secuestradas para ser vendidas o casadas por la fuerza. Víctimas de tantas discriminaciones, en su condición de mujeres, en su condición de africanas e, incluso, en su condición de víctimas pasando por los breves de las noticias de los periódicos y perdidas entre cañetes y valencianos en los informativos de televisión.

Durante estos casi cinco años en los que Radio Cádiz me permite emitir mis opiniones los jueves, siempre he preferido que estas columnas estén centradas en Cádiz. No es sólo por participar en el programa más gaditano de la radiodifusión mundial como le gusta decir a Carlos Alarcón. Es también convicción propia. Con tantos opinadores sesudos, aunque no siempre formados, sobre cuestiones generales prefiero que mi humilde voz suene con el acento de esta ciudad que me vio nacer y en la que sobrevivo. 
Esta semana, no obstante, voy a hacer dejación de funciones gaditanas. Y eso que temas hay de sobra. Ahí están las viviendas del Matadero y el demoledor escrito de la Fiscalía, el nuevo criterio del PSOE aplicable a sus afiliados imputados díscolos o la promesa de reactivación de los astilleros en plena precampaña electoral. 
Pero ya tendremos tiempo de hablar de esas y de otras cosas de nuestro Cádiz. Hoy prefiero que este minuto y medio de radio sea un pequeño recordatorio de esas más de 200 jóvenes nigerianas que han sido secuestradas y que sufren la amenaza de ser vendidas como esclavas. 
Casi doscientas treinta chicas que llevan sufriendo la discriminación desde que nacieron. Por ser mujeres, como tantas niñas en el mundo que sufren la desigualdad justificada únicamente en su sexo. Podrían ser danesas y una de cada dos sufriría malos tratos. O podrían ser una de las 48 mujeres que murieron por violencia de género en España durante 2013 o las 24 que han perdido la vida en 2013. 
Pero para ellas es casi peor, porque son africanas y eso ya las convierte en víctimas de segunda. Incluso ahora, cuando sufren un secuestro, su humillación y su anulación como personas, padecen la desgracia de haber nacido lejos de los centros de poder, en ese continente olvidado. Si no fueran africanas, si hubieran nacido en Wisconsin o en Frankfurt hoy ese secuestro ocuparía las portadas y los intereses de los medios y los políticos. Ni siquiera son petróleo o armas de destrucción masiva para poner de acuerdo a la comunidad internacional. Pero al fin y al cabo, no son más que doscientas pobres niñas negras nigerianas. 
Más de 200 niñas cuyo futuro va poco más allá de ser esclavizadas o sometidas a un varón que las humille. Incluso si recuperan la libertad para salir de la miseria en Europa las esperamos con una valla de cuchillas. 
Con todo, hoy quiero pedir con estas líneas que esas niñas sean libres, ahora de su secuestro y después de la miseria y la discriminación.

jueves, 6 de marzo de 2014

On air: 8M

Cuando se aproxima el 8 de marzo me gusta dedicar mi columna a las cuestiones relacionadas con la igualdad. Más aún cuando este año los poderes públicos insisten en políticas de desigualdad que afectan específicamente a las mujeres. Pero no sólo ellos. También la sociedad reproduce estereotipos discriminatorios y los ejemplos más graves las tres muertes de mujeres en los últimos días. Muerte que, además, no entienden de clases sociales: dos de ellas en Sotogrande y la tercera una profesora de instituto.

Se avecina un nuevo 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. En esta ocasión un día, cargado habitualmente de exigencias, que se antoja aún más reivindicativo si cabe. Seguro que en el centro de las críticas se encontrará Gallardón. El Ministro de Justicia es el padre intelectual de la reforma contra el aborto. Una reforma que regresa a tiempos absolutamente superados, crea un conflicto social donde no existía y vuelve a incapacitar a las mujeres para decidir sobre su propio cuerpo. 
En realidad, lo de Gallardón y el aborto, siendo grave, no es el máximo exponente de las políticas públicas en contra de la igualdad. Los recortes sociales, especialmente den dependencia, en una sociedad como la nuestra en la que las mujeres siguen siendo las exigidas para el cuidado de los menores y ancianos, incide precisamente en la depauperación de la mujer. Porque la pobreza, en nuestro país y en el mundo, tiene rostro de mujer.  
Por eso, las reivindicaciones deben ir más allá. A los poderes económicos, por supuesto, para eliminar la brecha salarial que hace que las mujeres ganen menos realizando el mismo trabajo. Para reducir el paro femenino, para superar la discriminación laboral, que va más allá del salario y que se refiere también al acceso al empleo y al despido.  
Reivindicaciones que muevan la conciencia de cada uno de nosotros, hombres y mujeres. Para abandonar estereotipos y roles sexistas y, esencialmente, para superar estigmas de violencia que siguen manteniéndose en las relaciones de pareja y que nos dan de saldo tres asesinadas en estos últimos dos días. 
Y con todo, la reivindicación ha de hacerse también al conjunto de la sociedad. Porque hay aprendices de políticos que siguen identificando en público el aborto con la libertad sexual, como si viviéramos aún en los tiempos del cinturón de castidad. Porque hay eruditos pensadores, escritores de artículos en prensa que consideran que una mujer pierde su dignidad cuando aparece desnuda en la portada de una revista. Probablemente sean los mismos que corrieron a comprarla y la visionan en la intimidad de su baño. Incluso aquellos a los que las cucarachas corriendo por la casa de esa mujer con su hija no les produjo la más mínima atención, pero que se alarman ahora porque quien plantó cara al poder, pretende presentarse a unas elecciones y muestra sus pechos por dinero. Como si la dignidad tuviera que ver con la ropa. 
El sábado es 8 de marzo. Día Internacional de la Mujer. Un día para salir a la calle por muchos motivos, pero también para mirarse en el interior y saber cuántas cosas tenemos que cambiar cada uno de nosotros en aras de la real y efectiva igualdad. 

jueves, 23 de mayo de 2013

On air: Padres responsables




El 21 de mayo se ha convertido en un día que no olvidaré nunca. Este martes he vuelto a ser padre de una niña que se llamará Mar. He tenido la suerte -o la puntería- de que tanto Mar como su hermano han llegado llenos de salud, en el momento deseado y en un entorno que les puede ofrecer amor y toda la estabilidad que este mercado laboral puede ofrecer. Entiendo que plantearse la maternidad en otras condiciones debe ser complicado. Por eso no me siento legitimado para obligar a nadie a asumir una maternidad no deseada. A mi paternidad y a la reforma del aborto he dedicado mi columna de esta semana.



De todas las experiencias que he tenido en mi vida, la más emocionante, única e incomparable es la de ser padre. Contemplar el crecimiento, el desarrollo y la apertura al mundo de un pequeño ser que sientes como tuyo porque tiene muchos de tus defectos y las virtudes de la persona con la que compartes la vida es una aventura apasionante. Tan maravilloso nos ha parecido el viaje que desde el martes estamos embarcados en una nueva singladura de paternidad que nos llevara por el Mar más inescrutable pero también el más satisfactorio.
En esos momentos previos al parto se aprecia de la forma más nítida posible la debilidad de la condición humana. Visto desde el papel de espectador que tenemos los hombres en este proceso hay tantas cosas que pueden salir mal en un instante tan decisivo o en los nueve meses precedentes que el resultado positivo, el equilibrio perfecto alcanza una dimensión especial. Desde el papel protagonista de la mujer las incertidumbres, los miedos y la satisfacción han de ser aún más intensos.
Desde ese papel secundario que me corresponde me cuesta entender las razones que pueden llevar al poder, siempre masculino, a intervenir en la decisión de una mujer sobre la continuación de su embarazo. Resulta espeluznante que el Estado impida a una embarazada consciente de que el feto que lleva en su interior sufra malformaciones a interrumpir  su embarazo. No puedo imaginar lo que supone vislumbrar un futuro de nueve meses con un peso no deseado en el vientre; afrontar el esfuerzo del parto sin amor, sin convicción, sin ilusión…
La reforma del aborto de Gallardón parte de una visión masculina en la que la mujer no tiene capacidad ni madurez para decidir. Una reforma que conduce a tiempos pretéritos, a orfanatos, abandonos entre las clases más bajas o a viajes a Londres entre las adineradas..
No son días fáciles para ser madre. Sólo hay que pasarse por el Hospital Puerta del Mar que ha cerrado la cuarta planta de maternidad por falta de partos. Un presente difícil de desempleo, precariedad, recortes en educación y sanidad, reformas laborales,… y un futuro casi igual de negro
No creo que ninguna mujer frivolice sobre su embarazo. No imagino a nadie abortando por placer. Cada aborto esconde tras de sí una tragedia pero, en muchos casos, la obligación de continuar con un embarazo no deseado esconde una tragedia mayor. Y si hay alguien que no está legitimado para imponer esa obligación es un gobierno incapaz de ofrecer ni soluciones ni esperanzas a la sociedad.