Mostrando entradas con la etiqueta Alberto Ruiz Gallardón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alberto Ruiz Gallardón. Mostrar todas las entradas

jueves, 23 de mayo de 2013

On air: Padres responsables




El 21 de mayo se ha convertido en un día que no olvidaré nunca. Este martes he vuelto a ser padre de una niña que se llamará Mar. He tenido la suerte -o la puntería- de que tanto Mar como su hermano han llegado llenos de salud, en el momento deseado y en un entorno que les puede ofrecer amor y toda la estabilidad que este mercado laboral puede ofrecer. Entiendo que plantearse la maternidad en otras condiciones debe ser complicado. Por eso no me siento legitimado para obligar a nadie a asumir una maternidad no deseada. A mi paternidad y a la reforma del aborto he dedicado mi columna de esta semana.



De todas las experiencias que he tenido en mi vida, la más emocionante, única e incomparable es la de ser padre. Contemplar el crecimiento, el desarrollo y la apertura al mundo de un pequeño ser que sientes como tuyo porque tiene muchos de tus defectos y las virtudes de la persona con la que compartes la vida es una aventura apasionante. Tan maravilloso nos ha parecido el viaje que desde el martes estamos embarcados en una nueva singladura de paternidad que nos llevara por el Mar más inescrutable pero también el más satisfactorio.
En esos momentos previos al parto se aprecia de la forma más nítida posible la debilidad de la condición humana. Visto desde el papel de espectador que tenemos los hombres en este proceso hay tantas cosas que pueden salir mal en un instante tan decisivo o en los nueve meses precedentes que el resultado positivo, el equilibrio perfecto alcanza una dimensión especial. Desde el papel protagonista de la mujer las incertidumbres, los miedos y la satisfacción han de ser aún más intensos.
Desde ese papel secundario que me corresponde me cuesta entender las razones que pueden llevar al poder, siempre masculino, a intervenir en la decisión de una mujer sobre la continuación de su embarazo. Resulta espeluznante que el Estado impida a una embarazada consciente de que el feto que lleva en su interior sufra malformaciones a interrumpir  su embarazo. No puedo imaginar lo que supone vislumbrar un futuro de nueve meses con un peso no deseado en el vientre; afrontar el esfuerzo del parto sin amor, sin convicción, sin ilusión…
La reforma del aborto de Gallardón parte de una visión masculina en la que la mujer no tiene capacidad ni madurez para decidir. Una reforma que conduce a tiempos pretéritos, a orfanatos, abandonos entre las clases más bajas o a viajes a Londres entre las adineradas..
No son días fáciles para ser madre. Sólo hay que pasarse por el Hospital Puerta del Mar que ha cerrado la cuarta planta de maternidad por falta de partos. Un presente difícil de desempleo, precariedad, recortes en educación y sanidad, reformas laborales,… y un futuro casi igual de negro
No creo que ninguna mujer frivolice sobre su embarazo. No imagino a nadie abortando por placer. Cada aborto esconde tras de sí una tragedia pero, en muchos casos, la obligación de continuar con un embarazo no deseado esconde una tragedia mayor. Y si hay alguien que no está legitimado para imponer esa obligación es un gobierno incapaz de ofrecer ni soluciones ni esperanzas a la sociedad.

jueves, 22 de noviembre de 2012

On air: ¿Jueces o matones?

Ruiz Gallardón, el ministro responsable
de la reforma. Foto: allegramag.com
Estoy indignado. La reforma de las tasas judiciales me parece un golpe al Estado de Derecho orquestado desde el Gobierno. No creo que sea cuestión de mi profesión, aunque también. Lo veo tan de cerca que, probablemente, puedo preocuparme más que la mayoría de la gente por un tema así. No obstante, considero que es un tema que debería preocupar a la totalidad de ciudadanos. O, al menos, al 99%. Por eso he aprovechado mi columna de esta semana en Hoy por Hoy Cádiz para exponer mi malestar por esta reforma.


Un año en el Gobierno da para hacer muchas cosas. Se ha demostrado que no da para sacar a España de la crisis. Aquí las versiones difieren. Para ellos, un año no es suficiente porque el abismo en el que nos metió Zapatero era tan grande que para salir se necesita tiempo, todo el tiempo del mundo. Para la calle, no salimos de la crisis porque el rumbo de la austeridad no conduce a la recuperación sino que agrava nuestra situación. 
Desde luego no será por medidas. Agenda reformista, la llaman ellos; recortes los llama la calle. En este año han diseñado y ejecutado una reforma laboral, otra educativa y otra sanitaria; han eliminado fondos para la investigación, las ayudas sociales y la dependencia; han proyectado un nuevo Código Penal, un aumento del IVA y del IRPF y una amnistía fiscal. Todo menos gravar las rentas más altas, suprimir privilegios políticos o mejorar la lucha contra el fraude fiscal. 
Sin embargo, de todo lo que ha hecho el Gobierno en este tiempo creo que la peor medida ha llegado precisamente el primer día del segundo año. La aprobación de la ley de tasas judiciales supone un atentado contra el derecho a la tutela judicial efectiva que reconoce nuestra Constitución. Es difícil modificar una norma y que todos los afectados muestren su disconformidad. Es lo que ha ocurrido en este caso. Jueces, fiscales, abogados, usuarios; todos están en contra del tasazo judicial. En realidad, cualquier ciudadano debería mostrarse en contra. 
Sobran las razones cuando descendemos a los ejemplos. Recurrir contra una factura de telefonía injusta costará 300 euros, un divorcio en el que haya que repartir la casa, 900 euros, cobrar un pagaré sin fondos 200 euros. 
Con todo, quien más beneficiada sale es la Administración. Cualquier recurso judicial contra la Administración empieza por costar 200 euros. Si a usted le ponen una multa por 100 euros, recurrirla le costará 200. La realidad es que nadie recurrirá aunque lleve toda la razón del mundo. La duda es saber si la Administración ahora que se sabrá materialmente fuera de control de los jueces y tribunales será respetuosa con las normas o se incrementarán los abusos. 
Es probable que se acabe con el atasco judicial pero a costa de dejar de impartir Justicia. Es el triunfo absoluto del liberalismo. Si el Estado no va a proporcionar educación, sanidad, ni Justicia se acerca a su inutilidad y su desmantelamiento. Sólo quedarán los policías para controlar y dar palos en manifestaciones. Lo que no debe sorprendernos es que la gente comience a tomarse la justicia por su mano porque saldrá más barato mandar matones a cobrar una deuda que ir al Juzgado.

jueves, 20 de septiembre de 2012

On air: Protestas criminales

Gallardón quiere que nos callemos.
Foto: notitiacriminis.com
La columna de esta semana en el Hoy por Hoy Cádiz es una denuncia ante la derechización programada a la que el PP está sometiendo a España. No sólo en lo económico, también en lo social, moral y jurídico. Ejemplos hay muchos pero el punto culminante es el populista Código Penal impulsado por Gallardón.


La penosa situación de la economía española aupó a Mariano Rajoy al poder con el respaldo de once millones de votos. Nueve meses después de su llegada a La Moncloa, la economía no mejora, sino más bien al contrario. El paro ha crecido y ahora hay que pagar más por los medicamentos, el pan y hasta por morirse. Sin embargo, en este tiempo el Partido Popular ha aprovechado su mayoría absoluta para orquestar una acción de retroceso en los derechos y garantías de nuestro sistema. Y no me refiero sólo a los derechos prestacionales como la sanidad o la educación cuya retroacción encuentra fundamento económico en las fallidas teorías neoliberales de la austeridad. También me refiero a esos derechos que no tienen valor económico pero que van siendo arrebatados poco a poco.
Ejemplos tenemos en la radio pública española suprimiendo programas de notable audiencia o en la televisión enchufando a la esposa de un ministro mientras que se prescinde de colaboradores más progresistas. Los anuncios en torno al aborto, la educación para la ciudadanía o los colegios que segregan entre niños y niñas nos conducen a una España que creíamos superada en nuestro proceso de acercamiento a Europa.
Un nuevo paso en este camino es el proyecto presentado por el ministro Gallardón para reforma del Código Penal. A falta de su aprobación en el Parlamento, el texto inicial resulta alarmante. Cadena perpetua revisable, custodia de seguridad,… reformas que poco tienen que ver con la realidad penal de nuestro país y sí con la alarma que crean determinados programas. Reformas para casos concretos, para dar respuesta a Bretón, Mari Luz o Marta del Castillo cuando nada le devolverá la vida a esos menores. Gallardón ha diseñado una reforma penal que responde mejor a las inquietudes de Ana Rosa o Espejo Público que a la de los Tribunales.
Muestra del alejamiento de la realidad es la ausencia de un replanteamiento de las penas en relación con los grandes defraudadores y demás delincuentes de cuello blanco. A pesar de los abusos que nos han conducido a la crisis, la reforma penal no afronta esta criminalidad.
Sí que afronta, en cambio, el fenómeno de la protesta ciudadana con un endurecimiento en su tratamiento penal. El PP sabe que su política de desmantelamiento del Estado del Bienestar supondrá contestación social y frente a ello planta el Código Penal como dique de contención. Tiempo antiguos que vuelven. Aunque siempre hay avanzados. Visionarios como el simpar Ignacio Romaní que mandó a la Policía Local a multar a los funcionarios municipales que protestaban. Lástima para el efervescente Teniente de Alcaldesa que no estuviera aprobado ya el Código Penal de Gallardón, porque los habría mandado al calabozo sin despeinarse.

jueves, 10 de noviembre de 2011

DCgPA: A cinco

Diario de campaña general de un padre en apuros: Día 7

Se cumplió una semana de la campaña de las elecciones generales con el debate a cinco en el que participaron representantes del PSOE, PP, IU, CiU y PNV. El debate dio una audiencia muy inferior al cara a cara a pesar de que, por momentos, resultó más interesante y que dio la impresión de que muchos de los participantes estaban mejor preparados que la doble R.

Sin mujeres
Debatían los cinco partidos principales de la geometría política española y, entre sus representantes, no había una sola mujer. Sólo estaba la siempre eficiente María Casado en representación del ente público. Decía Ignacio Escolar que para un sueco debería parecer como el debate electoral en Irán. Un debate a cinco. A cinco hombres.  Ninguna de esas mujeres que rodean a Rajoy y que llevan su casa, tal y como dijo en el debate. Ninguna nacionalista catalana o vasca. Ninguna representante de la izquierda. Lo de Rubalcaba llama también la atención porque, quitando a Elena Valenciano, el papel de las mujeres en su campaña es testimonial. Mítines y más mítines en los que las mujeres, cuando están, hacen de teloneras como le pasó a la Susanísima en Dos Hermanas. Por mucha paridad, ley de igualdad y demás gaitas, a la hora de escoger, desgraciadamente, nuestra clase política sigue prefiriendo a hombres.

Querido Alberto
Debo decir que me gusta Ruiz Gallardón. Ya sé que sus ideas están muy alejadas de las mías, pero es uno de esos personajes a los que se puede oír, de los que no esperas bravatas ni planteamientos excesivamente reaccionarios. Daba la impresión de que hasta a Jáuregui le cae bien, con esa repetición del Querido Alberto. Por eso debe ser tan odiado entre la derecha más casposa. Sin embargo, en esa línea de no asustar al centro, me parece una perfecta elección de Génova para representar a los populares en el debate. Lo hizo bien, incluso sin leer, lo que deja peor a su jefe. Lo importante fue que mantuvo esa imagen de modernidad que tan bien le viene al PP. Porque, ¿se imaginan el debate con González Pons, la Cospedal, Martínez Pujalte o Arias Cañete? Los rojos llenaríamos los aeropuertos.

Foto de Jesus Margon
Griñanix
Advertía ayer Griñán que si cae el Gobierno de España, sólo quedará la Junta de Andalucía. Griñán, como Astérix, tendrá que defender esa pequeña aldea socialista rodeada de legiones populares por todas partes. Pero Griñanix no tiene pócima mágica. Más bien al contrario, su escaso carisma en Andalucía y los continuos escándalos que se destapan en la Junta le pesan como una losa. Sólo lo puede salvar que en el caldero caigan las hierbas de los recortes que el emperador Mariano hará al llegar al Gobierno. Es la única posibilidad que tiene la aldea socialista de resistir.

Este partido lo vamos a ganar by Manuel Chaves
Este partido lo vamos a ganar gritaba Manolito Chaves al concluir el mitin que dio en Tarifa, según creo. Hay políticos que resultan simpáticos, otros que tienen gracia, independientemente de sus ideas, y hay otros que carecen de simpatía y de gracia y, de camino, han perdido el sentido del ridículo. En el último caso está el ex ministro de Trabajo, ex presidente de la Junta de Andalucía y vicepresidente segundo del Gobierno. Tanto tiempo en el cargo público es lo que tiene.

La patochada del día: Alfonso Guerra
Una cosa que no soporto de la derecha mediática y política es que, cuando surge un escándalo que le salpica, no tarda ni un minuto en echarle la culpa a los jueces o a los policías. La misma aversión me produce cuando quien duda de la judicatura es del Partido Socialista. Lo hizo ayer Alfonso Guerra sembrando dudas sobre la juez San José y la juez Alaya. En este último caso rozó la canallesca al insinuar una relación personal íntima entre ella y el popular Zoido. Supongo que los jueces que condenaron a su hermano también lo harían por motivaciones políticas. Hasta que en este país no respetemos a las instituciones no llegaremos a ningún sitio.