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viernes, 12 de febrero de 2016

On air: Titererrorismo

Llevaba unas semanas sin colgar mis columnas para Radio Cádiz en el blog. Entre otras cosas porque en Radio Cádiz habían puesto una nueva web en la que iban a ser accesibles, pero como no las encuentro y alguien en Facebook me la ha pedido, pues ahí va la de este jueves.

Soy de la generación de los que crecieron con miedo a ETA. Evidentemente, nos caracterizan muchas más cosas pero cuando yo era niño y estaba ante el televisor viendo cualquier programa, si la emisión se cortaba y salían las palabras Avance Informativo eso suponía que ETA había matado a alguien. Es un recuerdo recurrente de mi infancia, esa tristeza por los fallecidos, sus parejas, sus hijos… pero sobre todo esa incomodidad por no saber cuándo, ni dónde, ni a quién. 
Tal vez por eso me indigna especialmente que haya autoridades políticas que utilicen el terrorismo a su antojo para conseguir votos y denostar al adversario. Por eso me repugna que un Ministro del Interior azuce el fantasma de la ETA para atacar a un posible futuro Gobierno que, en el caso de alcanzarse, será el Gobierno de todos los españoles. O que el Ministro de Asuntos Exteriores diga en público que según el pacto del que se trate España puede desvincularse del apoyo internacional contra el terrorismo islamista. Son sandeces. Pero sandeces malvadas que, estas sí, hurgan en el dolor y los fantasmas de nuestro pasado. 
Con todo, son cosas de políticos, a los que se les debe prestar la atención justa. En realidad, lo que más me preocupa es que la solidaridad con las víctimas y la lucha contra el terror amorfo, inesperado, inexplicable del terrorismo se haya convertido en una fórmula para esquivar el Estado de Derecho, que los terroristas logren su objetivo porque tengamos unas libertades cada vez más recortadas. O mejor dicho, que con la excusa del terrorismo los que nunca creyeron en las libertades tengan la coartada para recortárnoslas, para decidir qué podemos decir y a quién podemos criticar. 
Lo ocurrido esta semana con los titiriteros es un claro ejemplo de este discurrir de los acontecimientos. Que la fiscalía interprete lo ocurrido en una obra de ficción como un delito de enaltecimiento del terrorismo es muy grave. Que un juez de la Audiencia Nacional lo apoye resulta demencial y carente de ningún sustrato jurídico. Que en la opinión pública, sólo por intereses políticos, algunos utilicen el caso para considerar proterroristas a una parte de la ciudadanía es vomitivo. 
Lo sucedido después con las identificaciones de quienes se disfrazan de titiriteros, roza lo esperpéntico. En una ciudad como Cádiz, tan dada a la crítica y a la sátira, esta deriva debería preocupar y mucho. 
Estamos cada vez más metidos en un Estado policial en el que la Constitución sólo sirve para garantizar unidades y no para proteger libertades.

martes, 8 de diciembre de 2015

On air: Maneras de morir


La columna de la pasada semana también está basada en una noticia. En este caso en dos. La primera, la aparición en la cama de su casa del cadáver de una mujer que llevaba cinco años muerta. La segunda, la circulación de las imágenes de su cadáver. Hay pocas formas peores de morir.
Supongo que a ciertas alturas de la vida quien más y quien menos ha pensado en la muerte. Bien porque la ha visto pasar de cerca, bien porque la ha sufrido en una persona cercana pero la muerte se nos hace siempre presente. Convivimos con ella. Es más, como dice aquella frase, está tan segura de su victoria que nos da toda una vida de ventaja. 
La muerte nos encuentra como nos encuentra. De repente, por un despiste en la siguiente curva; con sufrimiento, tras una larga enfermedad; sin causa ni razón, por un atentado que te sorprende cuando cenas en tu restaurante preferido.  
También los hay que llevan las cartas marcadas por la muerte. Un niño de Etiopía tiene 30 veces más probabilidades de morir antes de llegar a los 5 años que un niño europeo. En Palestina la muerte viste la estrella de David. En Siria se esconde entre las bombas que tiran unos, otros y los de más allá. 
Evidentemente, no hay forma buena de morirse. Una visión vitalista lleva a preferir morirse de muy viejo, con la cabeza en su sitio hasta el último día. Si nos ponemos hedonistas lo de morir en pleno acto de placer puede resultar atractivo. Quizá el planteamiento más reflexivo parece preferir morir en la cama, pero de un infarto, sin sufrimiento y sin esperas. 
Son gustos, si es que por la muerte se pueden tener preferencias. Pero creo que todos podemos estar de acuerdo que de las muertes que conocemos una de las peores ocurrió en Cádiz hace cinco años. Y no porque la muerte fuera violenta o con sufrimiento. No lo sabemos. Lo peor de aquella muerte es que no se ha conocido hasta esta semana.  
Nadie se preocupó por Pilar ni viva ni muerta y víctima de tantos males como tenía, comenzando por la soledad, se ha llevado cinco años en su cama rodeada de basura. 
Es curioso, ahora sí parece importar. Ahora nos enteramos de que tenía una paga de incapacidad, que alquilaba habitaciones, que había sido enfermera. Muerta nos interesa su foto que circula por las redes sociales en un repulsivo ejercicio de falta de respeto.  
A lo mejor la nueva sociedad es esto. Que alguien enferma y sola se lleve cinco años en la cama muerta sin que nadie pregunte por ella pero que cuando se descubre su cadáver todos recibamos su foto. Así es la forma más triste de morir, hasta después de muerto.

On air: Lágrimas negras

La columna de hace dos semanas tiene su origen en una de las noticias más desagradables que he leído en los últimos tiempos. Un partido de fútbol base tuvo que ser suspendido por los insultos racistas a un niño. Una de esas noticias que nos pone ante el espejo: ¿somos una sociedad racista?

Una de las nuevas condiciones que me ha generado ser padre es la de convertirme en padre de un pequeño futbolista. Desde hace unos meses mi hijo da patadas al balón en el equipo del barrio. Aunque sé que no me va a sacar de pobre, me encanta ver la ilusión con la que se pone el chándal del equipo y se va a entrenar o a jugar los partidos. 
Tengo que confesar, ahora que estamos en confianza, que apenas voy a verlo. No por él, sino por mi. No quiero dejarme arrastrar por esa pasión exacerbada que los progenitores de futuras estrellas tienen en las gradas. Es cierto que aún es pronto y que mi hijo y sus amigos conservan la inocencia de creer que llegarán a ser Messi o Cristiano. 
No sé si a los 11 o 12 años sigues manteniendo esa inocencia o simplemente juegas al fútbol por estar con tus amigos, por pasarlo bien, por hacer deporte. Lo que estoy seguro es que a los 11 años, ya te has dado cuenta de que tu color de piel es distinto al de la mayoría de los que viven al tu alrededor, de que eres negro. Probablemente, aun habiendo nacido en el mismo barrio, aun yendo al mismo colegio, aun jugando en el mismo equipo de fútbol, te das cuenta de que te tratan un poco distinto. A veces, incluso, te insultan. 
Eso fue lo que le pasó el otro día a un niño de once años cuando jugaba al fútbol. Un tipo en la grada comenzó a proferir insultos racistas. Y el niño, con sus nobles once años, con su sueño de ser Messi o Eto’o comenzó a llorar y le dijo al árbitro que no quería seguir jugando. El maldito racista le había arruinado su día de fútbol, le había amargado la fiesta que para cualquier niño es ponerse las botas, el uniforme y el chándal de su equipo. 
Es una anécdota, sí. Pero no. En el año 2014 los crímenes de odio racial crecieron en España un 24%. Vivimos en una sociedad distinta. Una sociedad que ha dejado de ser tan homogénea cultural, racial y religiosamente como la de nuestros padres. Y que lo será menos para nuestros hijos. Hay cinco millones de personas en España que no son españoles y otro millón que se ha nacionalizado pese a haber nacido fuera de nuestras fronteras.
Entre ellos hay negros, chinos, musulmanes, latinos,… Quien no se dé cuenta de eso, quien pretenda revertir eso, está viviendo en el momento equivocado en el país equivocado. Por eso, contra las actitudes racistas hay que ser socialmente intolerantes. No basta sólo con secar las lágrimas de ese niño al que no le dejaron jugar al fútbol en paz. Se trata de callar las voces de los energúmenos malnacidos que le gritan a un niño de once años por ser negro.

jueves, 20 de agosto de 2015

On air: Cádiz, capital de la inacción

El Teatro Pemán. Punto de partida de un recorrido por la inacción.
Foto: lavozdigital.es
En Cádiz nunca pasa nada. O pasa a un ritmo diverso al que pasa en el resto del mundo. Por eso, los proyectos se eternizan y, por eso, llama mucho la atención que ahora se pretenda que en tres meses se hagan realidad situaciones que llevan casi una década paralizadas.

Regresar de las vacaciones es siempre una tarea complicada. Se supone que dejas atrás los que pueden ser los mejores momentos del año para regresar a la rutina diaria. Pero en el fondo, sabes que parte de esos mejores momentos no lo fueron tanto y que, al final, la rutina también acaba echándose de menos. 
Además, cuando el regreso es a Cádiz, da igual el tiempo que haya pasado desde que te fuiste que la sensación es que nada ha cambiado durante tu ausencia. El ritmo de la ciudad es tan caribeño que las cosas casi no suceden. 
Aquel gaditano que se marchara en el año 2008 de Cádiz, no creo que de vacaciones, porque nadie se toma vacaciones de siete años y hoy regrese al Parque Genovés para ver cómo quedaron las obras del Teatro que aún se llama José María Pemán, se dará cuenta de que tras siete años, aquello sigue siendo un solar. Si su recorrido continua por Avenida Duque de Nájera comprobará que en el Olivillo tampoco han hecho nada. Aunque eso también le serviría al gaditano que se fue en el año 86, cuando la segunda mayoría absoluta de Felipe González. Desde entonces está el Olivillo cerrado.  
Un poco más adelante se encontrará la Escuela de Náutica. Nada nuevo desde el año 2002, los tiempos de la burbuja inmobiliaria. Y hablando de burbuja, a cien metros el edificio de Valcárcel. Nuestro gaditano que regresa se dará cuenta de que el contrato firmado en 2003 sigue sin cumplirse. Esperemos que no le hayan contado que la única vez que se puso el edificio en funcionamiento, los ilegítimos dueños los desalojaron y aquello acabó en los juzgados.  
Nuestro retornado podrá hacer una escapada al Barrio del Avecrem para ver cómo han dejado de bonito el nuevo pabellón Fernando Portillo, y se dará cuenta de que Portillo, Pemán y Valcárcel tienen el mismo sino. Incluso, cuando llegue a la milla de oro de nuestra costa, en la esquina de Brasil con el Paseo Marítimo podrá ver que tampoco a Tiempo Libre le han hecho nada nuevo. Que todo sigue como cuando lo dejó en 2008.  
El otro día paseando por Cádiz con un gran amigo, gran tipo y gran escritor me decía que las cosas que se escriben para Cádiz sirven eternamente. Probablemente esta columna también podría haberla escrito hace varios años y creo que la podré repetir el año que viene. Por eso, sorprende que algunos hablen ahora de inacción cuando en Cádiz se acumulan los proyectos de casi una década.

sábado, 18 de abril de 2015

On air: Es difícil ser negro

Hacía tiempo que no colgaba mis columnas para Radio Cádiz en el blog pero esta vez me lo ha pedido una oyente y yo por las oyentes de Radio Cádiz, lo que haga falta. El texto se explica por sí solo y no deja de ser un lamento. Lo escribí antes de que desde APDH-A organizásemos una concentración el lunes, a las 20:00 en la Plaza de San Juan de Dios.
Tiene que ser difícil ser africano. Tiene que ser difícil ser negro. Tiene que serlo en Europa cuando ve que las cosas que les pasan a los de su continente a los de su raza importan bastante menos que las que les pasan a los blancos. A los europeos o, aún diría más, a los occidentales. 
Hace poco más de quince días, sin ir más lejos, un avión se estrelló en los Alpes. Una tragedia que provocó que incluso una institución como la Universidad de Cádiz guardara un minuto de silencio. Pocos días después se perpetró una masacre en una universidad de Kenia. Más allá de que nuestro siempre incapaz presidente del gobierno no ubicara territorialmente la tragedia, ¿creen ustedes que la Universidad de Cádiz guardó un minuto de silencio por los 148 estudiantes asesinados? 
Con demasiada frecuencia se nos olvida que Niger está más cerca de nosotros que Estocolmo, que Trípoli es más vecino nuestro que Viena. Es lo que Mikel Maziaran llama la cosificación del africano. 
Ejemplos tenemos para aburrir. Aquellas niñas secuestradas por Boko Haram. Los 15 muertos en el Tarajal, una actuación de la Guardia Civil con ese resultado y que no conlleva una investigación oficial y una exigencia de responsabilidades. Hasta los yihadistas nos preocupan de verdad cuando matan europeos. 
Evidentemente, si resulta difícil ser negro en Europa más difícil resulta vivir en África, padecer guerras, conflictos armados, persecuciones por diversas razones o, directamente, la falta de esperanzas y verse forzado a emigrar. No puedo imaginar la situación de aquellos que envían a sus hijos solos en un barco desvencijado a cruzar el Mediterráneo. Y el barco se hunde. Y los pasajeros, por llamarlos de alguna forma, desaparecen. Y el sufrimiento se duplica porque al mundo occidental no le importaban vivos pero tampoco le importan muertos. 
Este martes ha habido una nueva tragedia en las aguas del Mediterráneo, la gran fosa común de este mundo. Han desaparecido 400 migrantes. 400 negros. Aunque a veces prefiramos negarlo para que nuestras conciencias descansen, 400 personas. 
Quizá hoy debería hablar de la constitución del Parlamento andaluz y de la difícil investidura de Susana Díaz que confirma la realidad de su derrota. Probablemente eso interese mucho más a los oyentes que la historia de esos los africanos que murieron esta semana en el Mediterráneo. Pero no puedo contribuir yo también a que ser negro sea tan poco importante.

jueves, 16 de octubre de 2014

On air: Sin Aguas de Cádiz. Sin Ayuntamiento de Cádiz

Retomo la costumbre de colgar mis columnas de Radio Cádiz en mi blog con motivo del corte de suministro de agua en el barrio de Loreto que, por otra parte, fue el barrio en el que me crié. Dicen que le puede pasar a cualquiera, pero lo cierto es que no le ha pasado a nadie. ¿Por qué ha pasado en Cádiz?
Ni el presidente de Aguas de Cádiz ni la Alcaldesa
han pisado el barrio de Loreto. Foto: elbaluartedecadiz.es

Salvo que sólo se informen por las pantallas que ha colocado el Ayuntamiento para desinformarnos, a estas alturas ya sabrán que 13.000 vecinos de Cádiz, que pagan sus impuestos como usted y como yo, que votan en las elecciones como usted y como yo, cuando abren el grifo no tienen agua. 
En realidad, a estas alturas es de lo poco que pueden saber, porque poco más se ha dicho. Loreto se ha quedado sin agua porque hay una bacteria coliforme. Lo demás queda entre sombras. 
Tenemos algunos datos más. Que los vecinos llevan quince días denunciando el mal olor del agua corriente. Que las bacterias coliformes suelen encontrarse en aguas fecales o estancadas y que al menos, durante veinticuatro horas, han estado consumiendo agua contaminada.  
El resto son conjeturas. Hasta ayer no fueron los técnicos de Aguas de Cádiz al barrio a dar explicaciones. Aunque más que explicaciones estuvieron buscando su Teresa, su chivo expiatorio al que echarle las culpas de todo. Una obra mal hecha en alguna casa podía ser la causa, decían. No soy experto en análisis de agua. Sólo puedo constatar que revisando en Google corte de suministro de agua por bacteria, las únicas referencias que aparecen son las de Cádiz y las de un pantano de Caldas, Galicia, en 2010. ¿En ningún otro sitio han hecho mal una obra? Parece que, como siempre, lo que tratan es de buscar una teoría que salve del despropósito al equipo de gobierno. 
Lo del agua es una metáfora de lo que está pasando en este Cádiz. El teofilato está tan agotado como las tuberías. Aguas de Cádiz gasta su dinero en patrocinar el Festival Aéreo y en pagar la retransmisión del concurso del Falla en Onda Cádiz, pero cuando hay un problema no hay nadie con la calidad ni la calidez para resultar creíble y cercano. Ni la capacidad para solucionarlo.  
Calidez, calidad y capacidad son condiciones, como la empatía de las que carece el presidente de Aguas de Cádiz que no ha ido al barrio a dar explicaciones. Algo más la Alcaldesa, última responsable del servicio de aguas de su localidad que se mostró más conciliadora pero tampoco da soluciones. Es curioso, ambos recibieron en sus despachos pero nadie baja a la calle a mojarse. Bueno, en esta ocasión mojarse poco, más bien pringarse de bacterias. 
De momento son 13.000 vecinos los que rememoran postales antiguas, en blanco y negro, de cubas de agua y casas de baños, aunque ahora sea el polideportivo y el Estadio. Esperemos que no sean más aunque según la web de Aguas de Cádiz el análisis del agua es uno común para toda la ciudad.

miércoles, 6 de agosto de 2014

On air: La ciudad de los prodigios

Ella visitando los Depósitos de Tabaco muy bien acompañada
Foto: Eulogio García
La columna de hoy para Radio Cádiz me la han chivado. No es mía, se la grabé a un alto cargo municipal pepero al que me encontré el otro día en las Jornadas de Puertas Abiertas de los antiguos Depósitos de Tabacos. Yo sólo he cogido la grabación y la he pasado a limpio y le he puesto título porque a mi me recuerda a ese pasaje de "Cien años de soledad" en el que descubren el hielo. Un prodigio bien publicitado.
Corran. Vengan. Pasen y vean. Ya pueden visitar los fantásticos Depósitos de Tabacos. Antes aquí hubo actividad industrial y ahora pueden observar cómo se adaptan las naves a las necesidades de la ciudad. Se adaptan tan bien, que no hay nada. Justo lo que representa Cádiz, un vacío donde antes hubo actividad. Los fantásticos depósitos de tabaco que no sabemos para qué servirán han sido cedidos desinteresadamente por Altadis a la ciudad. Sólo recibirá a cambio dos mil metros cuadrados para construir doscientas viviendas de renta libre para que los que tienen dinero puedan vivir en Cádiz o especular con la escasez de casas. Para lo de las viviendas sociales  les diremos que no había sitio que siempre se lo creen. 
Tenemos que reconocerlo. Nos encantan estos días. A ella más a que nadie porque de sus tiempos de aparejadora le queda muy bien el casco. Y después vienen los besos, los abrazos. Y las fotos en las pantallas, los carteles, los periódicos. Total, la gente no tiene memoria. Hace cuatro años les dijimos que íbamos a reindustrializar la Zona Franca y crearíamos 5.000 nuevos empleos y se lo creyeron. Como se creyeron lo de los 200 millones que nos daría Montoro. Al final, lo único que era verdad era lo de la Zona Franca de Sevilla, pero de eso no hablaremos en los próximos nueve meses que Zoido y Montoro son de nuestro partido. 
Pero lo mejor está por venir. Con un poco de suerte, en abril del año que viene abrimos el segundo puente. Ya la estoy viendo a ella caminando por encima de las aguas. Ese día los rojos se van a tener que meter debajo de la cama. Y por si no llega la obra a tiempo le hemos pedido a Rajoy un Centro de Interpretación sobre el segundo puente, para que tengamos algo que inaugurar. Allí exhibiremos las firmas de los gaditanos que pidieron que el puente se abriera en el Doce. Las tenemos guardadas porque las recogimos para las elecciones anteriores y como ya llegaron los nuestros al Gobierno, pues decidimos no presionar. 
De todas formas, Rajoy ya va a hacer suficiente por nosotros cambiando la ley electoral para que gobierne la lista más votada. Por si acaso no movilizamos a nuestros viejecitos que estos derrotistas ya no le dejan a Nuestra querida Señora Alcaldesa darles de merendar, Mariano está decidido a cambiar las reglas del juego en medio del partido. 
Estamos en campaña. En nueve meses están las elecciones aquí y tenemos que gestar una nueva mayoría. Tenemos que repetir la victoria electoral y para ello usaremos las mismas armas de otros años. Maquetas, infografías, puertas abiertas. Ya tenemos aquí los bocetos para que vean lo que Cádiz podría ser un día, así cuando salgan a la calle no se darán cuenta de lo que es Cádiz a día de hoy.



jueves, 31 de julio de 2014

On air: El crimen de la bolsa

El autor confeso, detenido por la Policía.
Foto: lavozdigital.es
Estos días anda Cádiz sacudida por un macabro crimen. En realidad, los macabros crímenes se pueden contar en Cádiz con los dedos de las manos, pero como en este concurren ciertos elementos especiales y se ha producido en el mismo lugar que el anterior macabro crimen (de ese hacen ya cuatro años), pues la bilis comienza a salir por algunas bocas. Por eso en la última columna de julio he querido en esta columna alzar un poco la mirada y ver un poco más allá de los titulares llamativos.

Siempre que llega algún amigo extranjero a Cádiz y hablamos de esta ciudad una de las cosas que me gusta destacar es que es una ciudad segura. A mis amigas les encanta la posibilidad de pasear tranquilas a cualquier hora, acostumbradas, especialmente, las francesas y las sudamericanas a extremar la precaución llegadas a determinadas horas. 
Tan tranquila es esta ciudad que cada vez que se produce un asesinato saltan todos los resortes informativos. Ya sabrán que esta semana ha habido uno que transmite notables elementos de conexión con otro que ocurrió en la misma zona hace pocos años: personas de confianza que se aprovechan de este vínculo para matar a una anciana y robarle. 
A este crimen, además, se le une la condición sexual del autor confeso que ha dado lugar a algún titular de dudoso gusto en el decano de la prensa gaditana. Para colmo los hechos han sucedido a las puertas del informativamente vacío mes de agosto. La historia tiene todos los elementos para convertirse en carne de telebasura, para rellenar horas y horas de la peor televisión y de las hojas más negras de los periódicos. 
Volverán esos comentarios que hablen de las comodidades de la prisión, de la necesidad de endurecer las condenas y, algunos, incluso, tacharán la zona de peligrosa, insegura, marginal,… metiendo en el mismo saco a todos los vecinos del barrio. 
Es cierto que Guillén Moreno tiene problemas. Como muchos barrios de Cádiz. Tiene un problema de pobreza. Con las tasas de paro de nuestra ciudad, con la infravivienda que tenemos, el problema de pobreza es transversal y, quitando a tres o cuatro zonas, afecta a toda la ciudad. Pero sobre todo, tiene un problema con la droga, tanto por los consumidores como por los que trapichean con ella. 
Como en los ochenta, la droga vuelve con fuerza. Como entonces, la crisis y la desesperanza vuelve a poner en la calle ese maldito caballo que se lleva tantas vidas por delante, las que se entregan y las que se roban. 
Porque cuando hablamos de políticas sociales, cuando hablamos de paro, de desempleo juvenil, de fracaso escolar también estamos hablando de esto. De la necesidad de trabajar en la base para evitar que la epidemia del caballo vuelva a asolar nuestras calles. Aunque, de todas formas, siempre habrá crímenes que nos golpeen. Y, en estos casos, más que de crónica negra habría que tirar de Concepción Arenal con dos frases: "odia el delito, compadece al delincuente", o aquella de "abrid escuelas y se cerrarán cárceles".

jueves, 26 de junio de 2014

On air: Niños pobres, pobres niños

Ni la coronación de Felipe VI, ni las obras en las murallitas de Cádiz, ni siquiera la sentencia elogiosa de la Jueza del 3 de Cádiz sobre Teófila Martínez (aunque esta noticia llegó más tarde). Para mi, lo más relevante de esta semana ha sido la constatación del crecimiento de la pobreza infantil en España. Creo que si hay un salario social justificado es un salario infantil en el que todos los niños, especialmente aquellos cuyas familias carecen de recursos, reciban una cantidad suficiente para su alimentación y cuidados. Y no los míseros puntos que da ahora la Seguridad Social.

Este año el verano se está resistiendo a llegar tal y como todos lo conocemos. De hecho, por primera vez en lo que yo recuerdo el día de San Juan, más que de fuego fue de agua por la tormenta que sacudió a Cádiz por la mañana. Aunque no traiga el calor tórrido lo que trae seguro el inicio del verano es el final del colegio. Los niños vuelven a casa por tres meses. Son los días en los que se pone a prueba la conciliación, el apoyo de los abuelos y la paciencia de padres e hijos. 
Es difícil en esta vida de precariedad y estrés que vivimos compaginar el cuidado de los hijos con el desarrollo de la profesión. Con todo, me siento un privilegiado. Al fin y al cabo mis problemas se reducen a encontrar quién se quede con los niños cuando tengo que trabajar o qué hacer con ellos cuando no trabajo. De momento, y por suerte, no me encoge el corazón cómo pagaré el techo en el que viven ni cómo compraré pañales, leche y yogures. 
Y es que según el estudio de Unicef publicado esta semana, no son ni uno ni dos los niños pobres que no tienen qué comer. En concreto, 2,3 millones de niños españoles viven por debajo del umbral de la pobreza. Si todos los habitantes de la provincia de Cádiz fueran niños, harían falta dos provincias como la nuestra para llegar a esos 2.300.000. 
Curiosamente, en estos mismos días el INE publicó el descenso de nacimientos en España. Nuestro tradicional déficit de natalidad se hace más profundo ante esta maldita crisis. Vaya paradoja, cada vez nacen menos niños en España y de los que nacen, cada vez son más los que pasan hambre. 
El compromiso por la infancia en este país debiera ser más serio pero, precisamente, en este último período el Gobierno ha recortado los apoyos a la infancia invirtiendo 772 euros por niño menos. Y mientras que los niños pasan hambre algunas Comunidades Autónomas se niegan a abrir los comedores escolares en verano para no estigmatizar. Como si hubiera mayor estigma que pasar hambre. 
Aún así, lo de los comedores es un parche. La solución debería ser más ambiciosa y afrontar la necesidad de favorecer la conciliación pero, sobre todo, de satisfacer las necesidades de los niños cuyos padres no pueden atender por esta maldita crisis. Ahora que se habla de Renta básica y salario social creo que el esfuerzo por la infancia en España debe hacerse realidad y si algo parece justificado es un salario infantil que acabe con la pobreza.

viernes, 23 de mayo de 2014

On air: 8 años de arresto domiciliario

La "vivienda" de Francisca. Foto de lavozdigital
Hace semanas que tenía pensado dedicar mi última columna en el Hoy por Hoy antes de las elecciones europeas a analizar las opciones de voto. Sin embargo, el jueves me desayuné con la noticia de Francisca Gil, una señora que llevaba ocho años sin poder salir de casa. Pensé en que hace ocho años yo vivía en Madrid, recién emancipado y aprendiendo a vivir en pareja. Por supuesto, no existían ni Diego ni Mar, no había empezado a trabajar en APDHA ni me había pasado al Derecho penal. Pensé en todo lo que he vivido desde 2006 hasta ahora y decidí dedicar mi columna al asco que me produce que haya personas que sigan sufriendo como Francisca, sin derecho a una vivienda digna. 

En el año 2006 España aún no había ganado ni mundiales ni eurocopas y el Cádiz estaba en Primera División. En España gobernaba Zapatero y en Andalucía Chaves porque, aunque existían los EREs, la intrépida jueza Alaya aún no le había hincado el diente al asunto. En 2006 en el sillón de San Juan de Dios estaba Teófila Martínez porque hay cosas que por mucho tiempo que pasen parece que no cambian. 
En 2006 la tasa de desempleo era del 8 por ciento, varios millones de parados menos que ahora. Entonces no había crisis, algunos vivían por encima de nuestras posibilidades aunque en Cádiz teníamos el nivel de desempleo más alto de España. Como decía, hay cosas que por mucho tiempo que pasen parece que no cambian. 
Pero ha llovido mucho desde 2006. Piénsenlo por un momento. Cuántas cosas han hecho desde entonces, cuánto ha cambiado su vida, cuántas cañas con amigos, cuántos días de trabajo, cuántos paseos por la playa. Pues ahora bórrenlo todo. 
Es lo que le pasa a Francisca Gil, una vecina de 90 años que vive en la calle Paco Alba. Desde 2006 no puede salir de su casa. Fue ese año cuando la operaron de cadera y por las condiciones de la vivienda, por llamarlo de alguna manera, que habita, lleva ocho años sin salir a la calle. No ha visto que Moral ha cerrado que donde estaba Solves ahora hay una tienda de cosmética y donde Tosso una de videojuegos. No sabe  que los circos siguen montándose en el solar en el que debería estar construido el nuevo hospital. No ha visto el nuevo Hotel Atlántico (en algo ha salido ganando) ni ha ido nunca a la nueva plaza con su rincón gastronómico. 
Ocho años sin salir de casa más que una realidad parece una condena. Una condena que está pagando una mujer gaditana, una anciana de 90 años cuyo único delito es vivir en una vivienda de renta antigua a la que los dueños no le dedican ni un euro y de la que las Administraciones se han olvidado. 
No es la única. Las historias que ayer se hicieron públicas de la calle Paco Alba número 4 o de las viviendas de República Dominicana, 11 estremecen. Al Ayuntamiento parece que el problema sólo le preocupa cuando se cae una casa. Los planes de infravivienda de la Junta fueron insuficientes y ahora Izquierda Unida nos cuenta no se qué de convivencia vecinal pero nada de inversión en acabar con esta lacra. 
Sea por unos o por otros, la cuestión es sigue habiendo gaditanos que no tienen el derecho constitucional a una vivienda digna. Los partiditos se mantienen en el siglo XXI.

jueves, 6 de marzo de 2014

On air: 8M

Cuando se aproxima el 8 de marzo me gusta dedicar mi columna a las cuestiones relacionadas con la igualdad. Más aún cuando este año los poderes públicos insisten en políticas de desigualdad que afectan específicamente a las mujeres. Pero no sólo ellos. También la sociedad reproduce estereotipos discriminatorios y los ejemplos más graves las tres muertes de mujeres en los últimos días. Muerte que, además, no entienden de clases sociales: dos de ellas en Sotogrande y la tercera una profesora de instituto.

Se avecina un nuevo 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. En esta ocasión un día, cargado habitualmente de exigencias, que se antoja aún más reivindicativo si cabe. Seguro que en el centro de las críticas se encontrará Gallardón. El Ministro de Justicia es el padre intelectual de la reforma contra el aborto. Una reforma que regresa a tiempos absolutamente superados, crea un conflicto social donde no existía y vuelve a incapacitar a las mujeres para decidir sobre su propio cuerpo. 
En realidad, lo de Gallardón y el aborto, siendo grave, no es el máximo exponente de las políticas públicas en contra de la igualdad. Los recortes sociales, especialmente den dependencia, en una sociedad como la nuestra en la que las mujeres siguen siendo las exigidas para el cuidado de los menores y ancianos, incide precisamente en la depauperación de la mujer. Porque la pobreza, en nuestro país y en el mundo, tiene rostro de mujer.  
Por eso, las reivindicaciones deben ir más allá. A los poderes económicos, por supuesto, para eliminar la brecha salarial que hace que las mujeres ganen menos realizando el mismo trabajo. Para reducir el paro femenino, para superar la discriminación laboral, que va más allá del salario y que se refiere también al acceso al empleo y al despido.  
Reivindicaciones que muevan la conciencia de cada uno de nosotros, hombres y mujeres. Para abandonar estereotipos y roles sexistas y, esencialmente, para superar estigmas de violencia que siguen manteniéndose en las relaciones de pareja y que nos dan de saldo tres asesinadas en estos últimos dos días. 
Y con todo, la reivindicación ha de hacerse también al conjunto de la sociedad. Porque hay aprendices de políticos que siguen identificando en público el aborto con la libertad sexual, como si viviéramos aún en los tiempos del cinturón de castidad. Porque hay eruditos pensadores, escritores de artículos en prensa que consideran que una mujer pierde su dignidad cuando aparece desnuda en la portada de una revista. Probablemente sean los mismos que corrieron a comprarla y la visionan en la intimidad de su baño. Incluso aquellos a los que las cucarachas corriendo por la casa de esa mujer con su hija no les produjo la más mínima atención, pero que se alarman ahora porque quien plantó cara al poder, pretende presentarse a unas elecciones y muestra sus pechos por dinero. Como si la dignidad tuviera que ver con la ropa. 
El sábado es 8 de marzo. Día Internacional de la Mujer. Un día para salir a la calle por muchos motivos, pero también para mirarse en el interior y saber cuántas cosas tenemos que cambiar cada uno de nosotros en aras de la real y efectiva igualdad. 

viernes, 31 de enero de 2014

On air: Onda Carnaval

Horas antes de que empiece el Concurso del Falla y la cobertura desmesurada que del mismo ofrece Onda Cádiz, les he dedicado mi columna en Radio Cádiz.

Mañana las pantallas de muchos televisores de nuestra ciudad volverán a reflejar la imagen de Onda Cádiz. Después de casi un año sin saber de ellos, entre chirigota y chirigota, la publicidad de Onda Cádiz nos cantará uno de los mejores cuplés del año, el de que Cádiz es una ciudad que funciona.
Desde sus orígenes, Onda Cádiz se erigió en el instrumento de propaganda más poderoso del teofilismo. En la calle adoptó el acertado seudónimo de Tele Teo porque la presencia de la máxima mandataria de la ciudad en la emisión era asfixiante. Ahora, que hay otras pantallas de las que están más pendientes en San Juan de Dios, Onda Cádiz es el reducto para contarnos su mentira aprovechando el tirón mediático de las fiestas de la ciudad. 
Onda Cádiz ha llevado a una nueva dimensión eso que algunos han llamado el Universo Gaditano, o lo que es lo mismo, las tres cés de la idiosincrasia más pacata de este rincón: Carnaval, cofradías y el Cádiz. Ellos le han añadido un cuarto elemento: Teófila. Con esos cuatro ejes construyen una programación que sirve para engordar el ego de unos cuantos y para que campen a sus anchas los comisarios políticos. Debates en los que determinadas voces de esta ciudad son sistemáticamente vetadas. Informativos en los que se ofrece la visión más sesgada y parcial de lo que ocurre de Cortadura para dentro y de Cortadura para fuera.
Porque lo de Tele Teo se les queda corto. Onda Cádiz se ha convertido en un instrumento al servicio de la acción de la gaviota. Así, durante un tiempo fueron más Moresquistas que nadie y después concedieron amplia cobertura a las cosas de San Fernando, curiosamente a raíz de que Loaiza se convirtiera en  alcalde de La Isla y presidente de la Diputación. Eso por no hablar del extraño pacto que mantuvieron con Metropolitan TV, aquella cadena que algún iluminado pretendió convertir en la antítesis de Canal Sur para confirmar su asalto al Palacio de San Telmo. El asalto fracasó, pero la aventura la sufragamos los gaditanos con nuestros impuestos. O con los anuncios de Emasa, Procasa y Eléctrica de Cádiz que, al fin y al cabo, también son nuestros impuestos.
Mañana, si son de los que quieren ver las coplas del Carnaval en directo y los primeros, recuerden que el capricho nos cuesta mucho dinero de nuestros impuestos a los gaditanos. Dinero para pagar a algunos excelentes profesionales pero también para los sueldos de varios mandos intermedios sin más capacidad que haber sido leales al régimen. Cádiz no se puede permitir pagar una cadena pública de televisión, sobre todo si es para emitir en directo el concurso del Falla y no los Plenos del Ayuntamiento.