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viernes, 26 de julio de 2013

On air: Griñán se va

Griñán tristón, Susana exultante. Foto simbólica de El Mundo
Mi columna de este jueves la he dedicado a la noticia política de la semana y, en esta categoría me parece que no hay ninguna que supere el anuncio de renuncia de Griñán y el traspaso de poderes a Susana Díaz. Todo ello implicado o relacionado, según se mire, con la declaración judicial del ex interventor de la Junta ante la jueza Alaya.

Que un político sobre el que se cierne una sospecha de corrupción dimita de su cargo tendría que ser una buena noticia. Más aún cuando dicha dimisión se anticipa a la imputación penal, ese rubicón judicial que debería plantear la exigencia de retiro. Sin embargo, la renuncia de Griñán anunciada ayer, está rodeada de tantos elementos negativos que la buena noticia pronto se transforma en reproche al madrileño que ha ejercido cuatro años de inquilino de San Telmo.
Reconozco que me sorprendió la noticia. A pesar de que algunos ya lo habían previsto, que Griñán renunciase a su fuero como presidente de la Junta ante la jueza Alaya, sabiendo como sabemos que la mujer con el trolley más famoso de España es absolutamente reticente a imputar a aforados y perder la instrucción, me extrañó. Pero pronto se filtró la primera trampa. Griñán pretende entrar por la puerta autonómica en el Senado y así mantener su fuero. Es decir, no renuncia para enfrentarse a pecho descubierto, sino que se va manteniendo sus privilegios.
Pero, estrategias procesales aparte, lo más indignante es el trámite sucesorio. Griñán ha encumbrado a Susana Díaz, una de esas profesionales de la política que tanto denostamos los ciudadanos. Lo hizo a través de un procedimiento sumarísimo y lleno de complicaciones, tantas que impidieron que las famosas primarias socialistas contaran con algún candidato no afín al régimen. No contento con el dedazo en diferido para convertir a la sra. Díaz en candidata a presidenta la aúpa directamente al cargo con esta maniobra furtiva y estival.
Se está convirtiendo en costumbre esto de que el elegido por las urnas se marche y deje a su sucesor sin que medie la convocatoria de unas elecciones. Ya lo hizo Chaves con el propio Griñán, Gallardón con Botella, Aguirre con Ignacio González o Bono con Barrera.
La última decepción es el papel jugado por Izquierda Unida. Tan alarmados que están por lo que hizo el PP en el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, tanto que se les llena la boca con palabras como participación, democracia y transparencia parece que van a consentir a este juego de trileros para que tengamos una presidenta elegida con proceso digital.
Si los ciudadanos no elegimos programa, como ha demostrado Rajoy, si no elegimos presidente como ha demostrado Griñán y antes otros, ¿qué elegimos? Pues parece que sólo elegimos una estructura orgánica PP o PSOE que es quien de verdad decide. En resumen, los avales de los militantes socialistas han decidido quién presidirá en la Junta. Cuando veamos a Susana de presidenta podremos gritar “Qué poco hace falta para gobernar nuestra Andalucía”.

lunes, 8 de julio de 2013

On air: El susanismo

Griñán lee, mientras que Susana Díaz sonríe. Una metáfora.
Foto: abcdesevilla
Mi columna de la pasada semana surgió de una mezcla de factores. Por una parte, estuve corrigiendo los exámenes de mis alumnos de 1º del Grado de Derecho. La cantidad de suspensos me tenía bastante afectado cuando llegó el momento en el que Griñán propuso a Susana Díaz como candidata del PSOE a la Junta de Andalucía. No es la primera ni la última que hace carrera política sin ningún mérito ni capacidad más allá que el servilismo al partido. Pero precisamente eso fue lo que me inspiró. Probablemente mis alumnos más brillantes tendrán problemas para encontrar un trabajo digno y acorde a sus capacidades. Sin embargo, entre los menos brillantes, puede que alguno alcance ese trabajo bien pagado si es capaz de afiliarse a un partido y hacer allí carrera pisoteando y lamiendo. Es lo que podemos llamar, el susanismo.

La semana pasada, sin ir más lejos, al hilo de mi comentario sobre la universidad, recordaba que estamos ante una las generaciones más preparadas de jóvenes españoles. Un importante porcentaje de los que nacimos entre los 70 y los 80 tenemos un título universitario colgado de algún muro. Los más afortunados, del de su trabajo, los menos del de su casa. Algunos, incluso, de la pared del salón de la casa de sus padres, que sigue siendo la suya porque el acceso a la formación no ha ido acompañado en nuestro país del acceso de forma estable al mercado laboral y, por ende, del desarrollo de los proyectos de vida lógicos.
Es curioso. Esta generación preparada coincide con la generación de políticos menos capacitados de la España democrática. Tenemos en nuestro gobierno una ministra de Trabajo que nunca ha trabajado fuera de la sede de su partido. Fátima Bañez viene a ser el colmo, pero no es la única. Ana Mato es otro ejemplo de mediocre carrera laboral desarrollada siempre dentro de la política.
También hay casos en el otro partido mayoritario. El gobierno de Zapatero consagró a nuestra Bibiana Aído, cuyo único trabajo conocido fueron unos meses en Unicaja. De allí a la Agencia Andaluza del Flamenco y después el estrellato, el Consejo de Ministros y la ONU. Algo parecido, o peor, cabe decir de Leire Patín, la ministra de Sanidad con pulsera milagrosa.
Es difícil que quien no ha salido del despacho oficial pueda entender lo que le sucede a los ciudadanos, lo que ocurre en la calle. Al final se genera un entramado endogámico en el que lo que predomina es el interés en perpetuarse en la política para mantener el nivel de vida: despacho oficial, coche oficial, móvil pagado por los contribuyentes. Debe ser por eso que, en estos momentos, los grandes enfrentamientos políticos no los estamos viendo entre unos partidos y otros sino dentro de los propios partidos.
Son solo ejemplos y no son los únicos. En nuestro Ayuntamiento hay alguna concejala que superada la treintena solo tiene en su curriculum estar estudiando Ciencias Políticas. O, si miramos más arriba, la mano que mece la cuna en San Juan de Dios desde la llegada del teofilismo tampoco tiene más bagaje fuera de la política que los años que trató de terminar Derecho.
En eso coincide con Susana Díaz. Más de diez años para terminar Derecho. Que Griñán quien siempre ha hablado del mérito y la capacidad como fundamento para su gobierno haya cocinado todo el proceso para tratar de que Susana Díaz sea la candidata del PSOE para la Junta es un desatino. Que Susana Díaz, sin ningún mérito profesional ni bagaje intelectual, pueda llegar a ser la presidenta de la Junta de Andalucía es sólo un ejemplo de lo mal que está la política en España.

jueves, 9 de mayo de 2013

On air: Susana miss Universo

La noticia de que la Junta de Andalucía va a garantizar tres comidas a los escolares andaluces es excelente. El problema es que mirando la letra pequeña la Junta se ha olvidado de los inmigrantes en situación irregular y de sus hijos. No es algo nuevo, porque ya están estas personas fuera de las ayudas relacionadas con los colegios andaluces. La situación la ha denunciado, entre otros, APDH-A y a mi me ha hecho surgir la necesidad de denunciar esta hipocresía, en la persona de quien más se ha señalado presumiendo del nuevo Decreto, Susana Díaz.

Como si fuera una candidata a Miss Universo en la entrevista ante el jurado, Susana Díaz ha manifestado su deseo de acabar con el hambre. El hambre en Andalucía, concretamente; y, para ello, promete tres comidas al día a los escolares andaluces.
Tan loable objetivo admite poco nivel de crítica. Que haya niños que pasen hambre supone la más grave puesta en cuestión de nuestros principios esenciales y que el hambre no se produzca en desiertos lejanos ni en dictaduras sanguinarias sino entre nuestros colegiales, exige acciones contundentes. Con todo, los hay que cegados por las siglas de su partido son capaces de comparar comer con tener una bicicleta. Esos quedaron tan retratados con sus argumentos que no merecen más comentarios.
Si acaso, se le podría plantear a la Lula de Triana que ella pertenece al partido que lleva 30 años ininterrumpidos gobernando nuestra Andalucía y que, si a estas alturas, hay niños en nuestra tierra que pasan hambre los principales responsables se sientan con ella en el Consejo de Gobierno o en los Congresos del partido que Susana gusta tanto de controlar.
Pero curiosamente, en ese planteamiento contra el hambre, el PSOE andaluz ha olvidado a una parte de la población que reside en nuestros municipios: los inmigrantes en situación irregular o, en este caso, sus hijos. No es algo nuevo, con la normativa actual estas personas no pueden recibir en Andalucía ayudas para las guarderías, ni becas de comedor, ni programas extraescolares. La desatención se convierte en persistente cuando el proyecto de decreto contra la exclusión excluye taxativamente a estas personas de las ayudas, entre las que destacan las tres comidas diarias.
Ya ha pasado con la atención sanitaria. El discurso inicial fue aquel de que en Andalucía a nadie se le iba a negar la atención sanitaria. La realidad es que para un inmigrante en situación irregular conseguir que le atienda un médico en un ambulatorio andaluz en una carrera de obstáculos que muchas veces no acaba bien. Pasará como en Baleares, cuando haya un muerto por falta de atención se rasgarán las vestiduras.
En todo caso, el ejemplo de las tres comidas es paradigmático. Quieren acabar con los niños que pasan hambre en Andalucía y se olvidan precisamente de los que están en peor situación, aquellos cuyos padres no pueden trabajar legalmente. Tan preocupados por el hambre no pueden estar cuando excluyen los más excluidos de los excluidos. O quizá no les interese tanto acabar con el hambre en Andalucía como mostrar ante la opinión pública una sensibilidad social impostada. Más o menos como la candidata a Miss Universo en la entrevista ante el jurado. 

viernes, 12 de abril de 2013

On air: La Junta de Andalucía o el difícil camino entre la norma y la realidad.


Cuando leí la referencia de las medidas que la consejera Cortés anunciaba para el nuevo Decreto sobre la función social de la vivienda me pareció fantástico. Son las decisiones que se esperan de un gobierno que se declara de izquierdas. Lo que pasa es que después recordé tantos y tantos desastres de gestión que acumula la Junta de Andalucía y se me pasó la inflamación de alegría. Una cosa es aprobar normas y otra aplicarla. Y si no que se lo pregunten al drago del callejón del Tinte. Una cosa es que lo conviertan en Bien de Interés Cultural y otra que muevan un dedo por evitar que se caiga.

Recuerdo que el 26 de marzo del año pasado me alegré. Me alegré de que la ola ultraliberal no inundara las calles de mi Andalucía. Me alegré de que mi tierra hubiera apostado por un giro hacia el lugar al que parecía que nadie giraba, hacia la izquierda. Esperaba que un gobierno entre el PSOE e Izquierda Unida planteara una realidad alternativa, otra forma de hacer las cosas. Lo esperaba para días como hoy en el que el BOJA publica el Decreto sobre la función social de la vivienda cuyo contenido, a estas alturas, es de sobra conocido. Paralización de desahucios en casos de riesgo de exclusión y sanciones a los bancos e inmobiliarias que no pongan en el mercado las viviendas de su stock.
Este tipo de medidas son las que se esperan cuando una formación que se denomina de izquierdas entra en un gobierno. Medidas reales para proteger a los más débiles y poner límites al capitalismo desaforado, al menos, en relación con los bienes de primera necesidad, como la vivienda. Cuando se cabalga en esa dirección es lógico que ladren. Se oyen las voces de quienes utilizan la Constitución para lo que les conviene, los de la lectura sesgada. Esos que nunca se han fijado en el artículo 33 que establece que la función social de la propiedad delimitará su contenido. O que el artículo 47 que consagra el derecho a una vivienda digna.
Pero no nos llevemos a engaño. Estas medidas tienen un recorrido limitado. Y no lo digo sólo por el hipotético recurso que puede presentar el Gobierno del Estado. Lo digo porque su aplicación depende de la Administración autonómica andaluza que es especialmente caótica e ineficaz.
Las muestras en Cádiz son múltiples. El museo del Carnaval, la residencia de Tiempo Libre, la ciudad de la Justicia son proyectos que la Junta ha sido incapaz de sacar adelante. Resulta ridículo que Teófila y sus medios de cabecera tengan que inventarse algunos cuando existen tantos ejemplos reales.
El último caso palmario lo tenemos con la gestión del fallecimiento del drago. La falta de protección de un BIC pese a las denuncias muestra la dejadez que sólo pudo empeorarse por el desastre representado en la Delegada de Cultura. Saucedo hija primero negó la condición de BIC al drago, a la vez que aseguraba contar con informes y expertos canarios que atestiguaban un plazo de cuatro meses para trasplantar el centenario árbol. Nada de lo que dijo era cierto. Pero no pasa nada. Si en esta Andalucía tuviéramos el mínimo de exigencias sobre la capacidad de nuestros gobernantes Saucedo no seguiría ni un día más en su puesto, pero seguirá. Y nuestra Junta de Andalucía seguirá funcionando igual, aprobando normas que nunca se hacen realidad. Es lo que pasa cuando sustituyes el mérito por el carné del partido y la capacidad por ser hija de.

jueves, 2 de agosto de 2012

On air: Apellidos

Saucedo y Aído en foto de lavozdigital.es

La columna de esta semana surgió hace mucho tiempo cuando a un acto acudió Raul Perales como Director del Instituto de la Juventud de la Junta de Andalucía. Otor Perales, pensé. Después vi a los Aído, Pizarro y, lo último el nombramiento de Delegados Provinciales de la Junta de Andalucía en Cádiz y, entre ellos, a Cristina Saucedo hija del exSubdelegado del Gobierno. 

Con las cuatro letras de su apellido, mi padre me ha transmitido la obligación de deletrearlo siempre para evitar que le metan una U por medio. También me ha trasladado bastantes filias de quienes me aprecian sólo por conocer su honestidad y, por supuesto, alguna fobia de aquellos a los que se enfrentó, seguro que con un buen motivo. Llegados a este punto de la vida, no me parece mal. Ahora bien, si mi padre, en lugar de ser un obrero, fuera un noble me habría podido transmitir su título nobiliario como los hijos de la Duquesa de Alba o los de Esperanza Aguirre. Con esa despreocupación económica que da tener el futuro resuelto, podría criticar las subvenciones de unos centenares de euros a los jornaleros o las mamandurrias a los sindicatos que son siempre de peor alcurnia que los enchufes en la Administración o los grandes latifundios. Si mi padre fuera un cacique en Castellón me podría haber dejado en herencia la presidencia de la Diputación de aquella provincia y todo arreglado con mis nuevas generaciones para ocupar un puestecito en el Congreso de los Diputados en el que insultar a la plebe. Pero si mi padre, de socialista y obrero, se hubiera convertido en un político de carné y cargo público, también me habría dejado la vida resuelta. Porque si yo me apellidase Perales, Saucedo, Márquez o Pizarro tendría un puesto asegurado. Un puesto de libre designación. Un dedazo. A lo peor me habría presentado a una convocatoria electoral, de relleno que repitiendo apellido no se encabezan listas, pero en un puesto de los que salen seguro. Una vez allí, me podrían mover de un sitio a otro sin quedarme nunca desocupado gracias a mi apellido. En el Instituto de la Juventud, en la Empresa Pública del Suelo, en Instituto de la Mujer,… De hecho, si mi apellido fuera Aído podría haber llegado incluso a ministro, aunque después hubiera quedado en evidencia mi nula capacidad, mi falta de formación.. A mi me habría dado igual, porque antes de que todo explotase yo habría cogido las maletas para conocer Nueva York con cargo a algún organismo de esos en los que se cobra mucho y se trabaja poco. Hasta en Izquierda Unida con el apellido se llega lejos y si no que se lo pregunten a Amanda Meyer. Seguro que seré injusto con alguno de ellos pero esta nueva endogamia socialista llama la atención. Son apellidos tocados por la mágica vara del servicio público que nunca han hecho nada fuera de la política. Después algunos se lamentarán por la desafección de sus bases pero la versatilidad de los políticos que son hijos de políticos produce náuseas. Ahora no hace falta tener padrino, basta con tener un padre que diga haber estado en la transición.

jueves, 26 de abril de 2012

On air: El futuro del pacto

La imagen es de la web angelpaloma.com
Con esto de la huelga general y la Semana Santa no había tenido oportunidad de hablar en mis columnas para Radio Cádiz sobre el resultado de las elecciones autonómicas andaluzas. Hoy, aprovechando que se acaban de hacer públicos los resultados del referéndum interno de Izquierda Unida, he decidido dedicarle mi columna al acuerdo PSOE-IU y las exigencias que, como ciudadano, me plantea la participación de la coalición en el gobierno andaluz.


Estos días hemos tenido la confirmación oficial de que el esperado pacto entre Izquierda Unida y el PSOE se produciría. Los militantes de la coalición de izquierdas han apoyado de forma abrumadora la decisión de coaligarse con el PSOE y participar en el gobierno andaluz. Lo del referendum entre las bases como las llaman ellos, es una experiencia peculiar dentro de la maquinaria partidista centralizada que padecemos. Hay quien considera que el referendum ha sido un paripé. Sin embargo, aunque tuviera las directrices fijadas, ya supone una muestra de respeto consultar a la militancia. Sin ir más lejos, en el otro partido que participará en el gobierno de coalición nada sabemos sobre lo que piensan sus militantes porque todo ha venido impuesto y sin recurrir siquiera al paripé.
A la militancia de Izquierda Unida no le quedaba otra posibilidad. Después de lo ocurrido en Extremadura y con el PP en la mayor parte de los gobiernos autonómicos y, por supuesto, en La Moncloa, estaba obligado a generar un gobierno que plantee alternativas al neoliberalismo feroz de los populares. Por mi parte siempre he defendido la necesidad de un cambio de gobierno en Andalucía pero me congratulo de que se mantenga cierto contrapeso a la omnipotencia popular. Un gobierno autonómico puede, entre otras cosas, plantear recursos de inconstitucionalidad, tan necesarios ahora que se pone en cuestión el Estado Social.
Sin embargo, el camino que le queda a los representantes de la coalición de izquierdas en el nuevo gobierno no va a ser, ni mucho menos, fácil. Hay demasiadas cosas por hacer. No sólo se trata de luchar contra el desempleo y la situación económica. Se trata de acabar con todos los vicios heredados de las tres décadas de los socialistas en el gobierno y la consecuencias que ello conlleva, especialmente, la confusión entre su partido y las instituciones, la institucionalización de ese PSOE andaluz que está más cerca del PRI mejicano que de un partido socialdemócrata moderno.Nos sobran los ejemplos. Que Pizarro pretenda que el abogado de la Junta siga las directrices políticas antes que criterios jurídicos y actúe como abogado de un imputado en lugar de defender la legalidad y los intereses de la Junta es una muestra del concepto desviado que tiene de la institución andaluza. Como lo es que alcaldes, concejales y algún diputado firmen que el ínclito Fernández es un represaliado político y no un corrupto sin más.Enorme trabajo el que le queda por delante a esta coalición en el gobierno. Muchas alfombras por levantar, muchos armarios que limpiar con los responsables de toda esa suciedad acumulada demasiado cerca. Si la participación de Izquierda Unida no sirve para que, por fin, haya regeneración democrática en la Junta habrán decepcionado a sus votantes y a los ciudadanos andaluces.

jueves, 26 de enero de 2012

On air: Sigo sin ser Marta


Llevo semanas con esta columna en la cabeza. La descartaba porque no me agrada demasiado que me linchen. Sin embargo, ya escribí que Todos No somos Marta y lo sigo pensando. Por eso no he resistido publicar esta columna en Radio Cádiz y ahora aquí en mi blog. Por respeto a la gente de la SER que me llama para que exponga mi opinión y porque tengo la confianza de poder decir lo que quiero, aunque sea impopular y antimayoritario, así lo he expresado.

No entiendo todo lo que se ha montado alrededor del caso Marta del Castillo. Esta semana se han cumplido tres años de su asesinato. Como crimen, desde mi punto de vista, no resulta demasiado llamativo. Uno más de los 63 asesinatos machistas que se produjeron en 2009. Mi mayor repulsa para su asesino, como para todos los maltratadores y mi compasión por la familia que pierden a una hija tan joven.
Lo único diferente en este caso es que se ha producido en Andalucía donde somos tan dados a este tipo de circos mediáticos alrededor de una muerte. También, por supuesto, que no aparece el cadáver y eso ha provocado que el Estado haya gastado y siga gastando muchos millones de euros en su búsqueda para satisfacer los deseos de la familia.
Se han sucedido las manifestaciones por toda España en estos días reprobando la sentencia. Desde el punto de vista jurídico la sentencia me parece correctísima. Al asesino le han caído 20 años de prisión que es lo que marca el Código Penal por un asesinato. Hay gente que pretende el fusilamiento, otros la tortura. Precisamente de ahí surgen algunas de las dudas porque uno de los problemas es que todo el caso está sostenido con alfileres. Muchos dimes y diretes, testimonios que llegan a destiempo, confesiones que obtiene la policía en el coche policial sin más testigos, dudas sobre la veracidad de las cosas que se pretenden probar… La sentencia reconoce que hay un tercer implicado que ha quedado libre, un culpable en la calle, pero no podemos saber quién es y, ante esa duda, la presunción de inocencia cobra absoluta vigencia.
Viendo las imágenes de las manifestaciones de esos miles de personas clamando justicia por Marta y, más allá de políticos y otros ventajistas, me fijé en el perfil de los y las manifestantes. Inmediatamente vino a mi cabeza tantas y tantas veces que una madre viene a nuestra sede para contarnos que a su hijo le han tendido una trampa, que él no era culpable, que lo han condenado sin pruebas. Probablemente, algunas de las que vengan en el futuro (o incluso algunas de las que han venido antes) estuvieran en las concentraciones del pasado martes. También me acordé de Rafael Ricardi que se tragó 13 años de cárceles por unos crímenes que nunca cometió. Según el lado que nos toque así valoramos las garantías de nuestro sistema judicial.
Como ser humano me solidarizo con los padres de Marta del Castillo. Ojalá apareciera el cuerpo para que ellos, que creen en esas cosas, le pudieran dar cristiana sepultura. No obstante, instrumentalizar la muerte de una chica para convertirla en causa general por un empobrecimiento de nuestras garantías procesales y nuestras libertades es una opción muy peligrosa.

jueves, 20 de octubre de 2011

On air: Catalanes y andaluces


Josep Antoni Durán i Lleida. Foto de manuelrivas.com

Esta semana quería hablar de la Zona Franca, pero en la columna de ayer Julio Braña ya le dio un repaso a Teófila, Osuna y Rodríguez de Castro. Por eso mismo he aprovechado el vacío temático para sacar uno de mis temas preferidos que es el de las difíciles relaciones interregionales en esta España plural. Muchos políticos venden odio y hay electores que compran desprecio, pero falta, casi siempre, conciencia crítica. Y si en lugar de andar con camisetitas, con sevillanas y con pasodobles de Carnaval, los andaluces nos preocupáramos realmente de Andalucía, otro gallo nos cantaría.

Por las cosas de la vida, tengo la suerte de ir al menos un par de veces al año a Barcelona. Son siempre cuestiones de trabajo y casi siempre con las mismas personas lo que me ha permitido generar una serie de relaciones de amistad con mis compañeros catalanes. Nos juntamos un grupo de profesores de eso que se viene en llamar la España plural. Cada uno tiene sus cosas pero cuando estoy allí no soy ni más ni menos que nadie. Ejerzo de gaditano y andaluz, pero ni hago bandera de ello ni me siento despreciado por nadie en razón de mi condición.
Con el tiempo nos hemos ido conociendo mejor. Los catalanes con los que me relaciono me entienden cuando hablo, saben que pago los mismos impuestos que ellos y que me gusta mi trabajo como me gusta divertirme cuando no trabajo. También yo he descubierto que cuando hablo en castellano me contestan siempre en mi idioma, que no son tan sosos como parecen, ni tan tacaños como nos quieren hacer creer aunque miren el céntimo más de lo que lo miramos aquí. Somos diferentes, pero más parecidos de lo que algunos nos quieren hacer creer.
Por eso, sé que ellos no compran los discursos de esos políticos que tratan de utilizar a Andalucía para ganar votos. Ellos no, aunque hay catalanes que sí. Como en Madrid hizo Esperanza Aguirre. O como en el resto de España hubo gente que se tragó el discurso del boicot con el Estatut y dejó de comprar hasta yogures porque eran catalanes. Paletos hay en todos sitios, en el Ampurdán, en la Castellana y en el Bajo Guadalquivir.
A mi, sinceramente, no me molesta que Mas diga que a nuestros jóvenes no se les entiende. Más me molesta que Andalucía esté en el vagón de cola europeo en el informe Pisa sobre educación. No me cabreo si Durán i Lleida o Esperanza Aguirre hablan del PER, lo que me cabrea es que nuestras tierras sigan siendo grandes latifundios y que un 30% de los andaluces esté en paro. Tampoco me enfado con Puigcercós cuando dice que no pagamos impuestos porque lo que me indigna es que una de las mayores cobradoras de subvenciones sea Duquesa y se case arropada por una multitud de andaluces.
Lo que piensen los políticos catalanes sobre Andalucía no me preocupa. Pero me parece infantil responder con una camiseta o un pasodoble a las críticas. En Andalucía hay de todo. Gente cumplidora, educada, trabajadora e inteligente que tratan de sacar esta tierra adelante. Pero también hay otra mucha gente que contribuye, día a día, a que seamos el último escalón de Europa. Y esa gente es la que me cabrea. De esos andaluces no puedo sentirme orgulloso.

jueves, 11 de agosto de 2011

On air: Blas Infante

La madrugada del 10 al 11 de agosto de 1936, menos de un mes después del golpe militar, Blas Infante fue fusilado en el kilómetro 7 de la carretera de Carmona. Esta madrugada se han cumplido 75 años de aquel acontecimiento y como andaluz que sufre por las heridas del pueblo andaluz me parecía un buen momento para honrar su memoria en mi columna del Hoy por Hoy Cádiz.

Hay pocas personalidades históricas a las que realmente admire. Para alcanzar ese nivel, exijo tres requisitos fundamentales. El primero, unos ideales de compromiso con los más desfavorecidos. El segundo, haber vivido conforme a los propios ideales. El tercero, no haber hecho uso de la violencia contra sus semejantes. Por eso, el grupo es muy exiguo y uno de sus escasos miembros es Blas Infante.
Esta madrugada se cumplieron 75 años desde que a Blas Infante lo fusilaran en el kilómetro cuatro de la carretera de Carmona. Con este motivo, se suceden los homenajes en los que todo el mundo habla de Blas Infante pero nadie de su compromiso. Todo el mundo evoca su figura, pero nadie sus ideales. Porque Blas Infante fue andalucista, que para él significaba creer en el federalismo de una Europa plural. Escribió aquello de que su nacionalismo, antes de andaluz era humano. Blas Infante creía que la educación era el camino para sacar del retraso endémico al que está sometido el pueblo andaluz. Blas Infante repudió el caciquismo, el centralismo y la miseria del jornalero andaluz.
Sin embargo, todo eso se olvida, cuando no se obvia voluntariamente con el objetivo de convertir a Blas Infante en una especie de estatua que todo lo admite, una pensador inocuo que se limitó a escribir el Andaluces levantaos, por Andalucía libre, los pueblos y la humanidad. Algunos lo homenajean sin haber hecho nada durante 30 años por acabar con la miseria del campo de Andalucía y habiéndose convertido en sus nuevos caciques. Lo homenajean mientras que miles de jornaleros andaluces emigran a Francia a vendimiar.
Algunos, incluso, desde sus antípodas ideológicas, se permiten hablar en su nombre. Ellos que son los herederos del caciquismo andaluz, los representantes del centralismo españolista que tanto daño le ha hecho a este pueblo, se aventuran a imaginar lo que diría Blas Infante a día de hoy. Pues, permítame señor Arenas, si Blas Infante viera que el líder de un partido que se opone a restaurar la memoria de los represaliados, que envía restos humanos de panteones a fosas comunes sólo por haber muerto en el bando de los perdedores, que mantiene en su partido a un tipejo como Vidal Quadras que insulta la memoria de Blas Infante, si Blas Infante viera que usted, señor Arenas le lleva flores, se revolvería en la cuneta en la que lo tiraron y en la que nunca se le ha podido encontrar.
Se suceden los homenajes interesados, partidistas, pero nadie hace nada por restituir su memoria y anular la sentencia de muerte que el franquismo dictó contra él dos años después de fusilarlo. 

jueves, 7 de julio de 2011

On air: No pierdas el norte

Hay un anuncio de cervezas que me pone enfermo. Es el nuevo de Cruzcampo y no es porque hayan adelgazado al Gambrinus sino porque abunda en los mismos tópicos de siempre sobre el gaditano.

Hay una empresa de cervezas que para vender su dorado líquido lleva unos meses recurriendo a un anuncio en el que sacan a la luz esos típicos tópicos sobre el sur que ya todos nos sabemos. Según parece, esa cerveza, que se supone que es andaluza, despierta en el cerebro el lado sur, que es el que te lleva de fiesta, a la playa, a divertirte; en contraposición con el lado norte que te hace cumplir con tus obligaciones y te despierta cada mañana para ir a trabajar.
Es cierto que todos los andaluces estamos ya acostumbrados a este tipo de cosas, a que la imagen que se proyecta de nuestro pueblo sea siempre la misma, la del jolgorio, el holgazanerío y la juerga. En una serie de televisión no cabe un juez, un arquitecto o un ingeniero andaluz y si hay un empresario o un policía es el inútil que sirve de mofa y burla para el resto del grupo. De la mujer andaluza, mejor ni hablar, siempre de chacha, de ama de casa o de tonta.
Estos estereotipos llevan muchos años filtrándose también en la publicidad. Lo nefasto es que sea una empresa con sede en Andalucía, la que los utilice para vender más, sin importarle la visión que con eso se transmite. No es la única, también esa televisión que se hace llamar la nuestra cultiva en prime time la imagen de charanga y pandereta. Son los tópicos que se retroalimentan. Y puede que tengan una parte de verdad. Que en el sur se vive bien, que nos gusta divertirnos, salir con los amigos y ser felices. Es más, puede que sean tópicos convenientes porque de algunos de ellos vive parte de nuestra industria turística. Pero no es lo único en Andalucía. Ni siquiera lo fundamental.
Porque podrían haber dicho que es una cerveza hecha con el máximo cuidado por trabajadores que se levantan por la mañana muy temprano, como tantos y tantos andaluces. Por grandes profesionales como esos médicos de la sanidad andaluza que le corrigieron la espina bífida a la pequeña María José cuando estaba aún en el vientre de su madre. Podrían hacer el anuncio diciendo que es la cerveza que añoran los andaluces que aún hoy, en el siglo XXI, emigran para hacer la vendimia francesa. La cerveza en la que sumergen sus penas los trabajadores a los que su empresa, tan americana, tan del Norte, ha dejado en la calle de un día para otro, sin respetar normas, ni preavisos.
Pero no. Han preferido recurrir al tópico andaluz. Al de la fiesta y el cachondeo. Mientras los del norte son gente seria y competente que cumple en su oficina, los del sur estamos aquí para divertirnos. Por eso aguantamos a gobernantes mediocres, a rateros de subsidios y a publicistas sin ideas.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Dos veces humilladas

Ana en una foto de elpais.com
Se llama Ana. Ya no volverá a cumplir los 80. Ni siquiera los 90. Pero mantiene la memoria de lo que le pasó hace ya muchos años. Muchísimos. Ella tenía 18 y había entrado a trabajar en la casa del alcalde de su pueblo. Un trabajo digno para una mujer, (perdón, para una chiquilla) en aquellos tiempos en los que los pobres no tenían derecho ni a saber leer ni a escribir. Trabajar con sus manos era lo poco que le quedaba y a ello se dedicó. La mala suerte quiso que mientras que trabajaba en casa del alcalde unos cuantos militares hicieran saltar por los aires el orden constitucional establecido. Aquello que hoy llamaríamos golpe de estado, pasó a llamarse Alzamiento Nacional porque los golpistas acabaron ganando una cruenta guerra que enfrentó durante tres largos años a la mitad de España contra la otra mitad.

Como Ana trabajaba con el alcalde de la mitad que perdió y como, según cuentan, uno de los vencedores había recibido calabazas de la chiquilla, cuando regresó a su pueblo la sometieron a múltiples vejaciones. Le cortaron el pelo al cero, le dieron aceite de ricino y la pasearon por todo el pueblo. Con las purgas de ricino, cuando llegó había manchado sus ropas. Pero allí no acabó su vejación. En su pueblo fue, durante muchos años, "una pelona" que era equivalente a ser de la peor estirpe y condición de la que se puede ser.

Hoy, muchos años después de aquellas vejaciones, la Junta de Andalucía le ofrece a Ana 1800 euros. A ella y a todas las que vivieron la misma experiencia de ser ultrajadas por aquellos que vencieron la guerra y sumieron la vida en la monotonía de 40 años grises. Habrá quien piense que el reconocimiento llega tarde. Habrá quien piense que la cifra es insignificante. Probablemente ambos pensamientos sean correctos.

Pero también creo que es correcto, adecuado y justo que el estado español, aunque sea a través de la Junta de Andalucía muestre su compensación, su arrepentimiento por lo que el poder establecido les hizo pasar a esas mujeres. Recordar lo que le pasó a Ana no es reabrir heridas, es contar la verdad de una historia que, durante muchos años, sólo escribieron los vencedores, una historia que olvidaba a Ana y a las mujeres que padecieron lo que ella.

Celebraría con ellas la mención si hubiera algo que celebrar. Pero no lo hay. Su sufrimiento, escondido durante tantos años, no puede ser motivo de celebración. Menos aún podemos celebrar cuando hay bocas que siguen escupiendo en el nombre y en la memoria de estas mujeres. Es la cara de la derecha más rancia española, esa que no logra despegarse de su oscuro pasado. Son ellos los que, realmente, no han logrado cerrar la transición.