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jueves, 3 de septiembre de 2015

On air: Tan iguales, tan diferentes

Esta es una de esas columnas que preferiría no escribir. Que preferiría no haber escrito. Y aunque sólo sea una voz más entre tanta indignación, no puedo dejar de hacer oír mi voz en el altavoz que me presta la Radio.

Un verano gaditano que se precie pasa por la playa. La Caleta para los gaditas de pura cepa. La Victoria para los que son beduinos como yo. Y aún quedan Santa María del Mar para los días de levante o Cortadura y El Chato para escapar de aglomeraciones. 
Cuando tienes niños, como es mi caso, la playa es el centro neurálgico del verano. Es una maravilla verlos disfrutar en la orilla, pertrechados de cubos palas y rastrillos para construir, o más bien que les construyas, un castillo, con su foso, la montaña y la muralla. Corren persiguiendo o dejándose perseguir por las olas, se embadurnan de arena, se amenazan con las algas… 
Este verano, en mi caso, ha sido bastante especial. La pequeña va camino de los tres años y ya tiene la autonomía suficiente para disfrutar de la playa por sí sola. El mayor, sin embargo, tiene maneras de lobo de mar y su aventura preferida del verano es montarse en el catamarán que lleva a El Puerto de Santa María. 
Ayer, cuando vi la imagen de ese niño sirio ahogado en la orilla de una playa turca pensé en mis hijos. No sé si es un pensamiento egoísta, pero dicen que cuando uno es padre es padre de todos los niños del mundo. Porque ese niño muerto también tenía un hermano un poco mayor cuyo cadáver también lo escupió la mar. Eran como los míos. Pero ellos no cogieron un cómodo catamarán para ir a El Puerto de Santa María sino un barco atestado de compatriotas para escapar de la guerra. La playa para ellos no es símbolo de juegos, carreras y diversión, sino su tumba. El castillo no se lo construye su padre porque las murallas se las han hecho los gobernantes europeos con alambradas y concertinas. Tan diferentes y tan iguales  
En realidad, es muy poco lo que separa a mis hijos, a nuestros hijos, sobrinos o nietos de aquel niño que yace inerte en la orilla de la playa. No es ni la raza, ni la religión. Ni siquiera el amor de sus padres. Lo que separa a ese niño de tres años y a su hermano de cinco de los nuestros es la suerte. O mejor dicho, la desgracia. La desgracia de haber nacido en un país que se descose por una Guerra Civil. Y la desgracia de haber topado con un mundo que les responde con muros, vallas y alambradas. 

sábado, 18 de abril de 2015

On air: Es difícil ser negro

Hacía tiempo que no colgaba mis columnas para Radio Cádiz en el blog pero esta vez me lo ha pedido una oyente y yo por las oyentes de Radio Cádiz, lo que haga falta. El texto se explica por sí solo y no deja de ser un lamento. Lo escribí antes de que desde APDH-A organizásemos una concentración el lunes, a las 20:00 en la Plaza de San Juan de Dios.
Tiene que ser difícil ser africano. Tiene que ser difícil ser negro. Tiene que serlo en Europa cuando ve que las cosas que les pasan a los de su continente a los de su raza importan bastante menos que las que les pasan a los blancos. A los europeos o, aún diría más, a los occidentales. 
Hace poco más de quince días, sin ir más lejos, un avión se estrelló en los Alpes. Una tragedia que provocó que incluso una institución como la Universidad de Cádiz guardara un minuto de silencio. Pocos días después se perpetró una masacre en una universidad de Kenia. Más allá de que nuestro siempre incapaz presidente del gobierno no ubicara territorialmente la tragedia, ¿creen ustedes que la Universidad de Cádiz guardó un minuto de silencio por los 148 estudiantes asesinados? 
Con demasiada frecuencia se nos olvida que Niger está más cerca de nosotros que Estocolmo, que Trípoli es más vecino nuestro que Viena. Es lo que Mikel Maziaran llama la cosificación del africano. 
Ejemplos tenemos para aburrir. Aquellas niñas secuestradas por Boko Haram. Los 15 muertos en el Tarajal, una actuación de la Guardia Civil con ese resultado y que no conlleva una investigación oficial y una exigencia de responsabilidades. Hasta los yihadistas nos preocupan de verdad cuando matan europeos. 
Evidentemente, si resulta difícil ser negro en Europa más difícil resulta vivir en África, padecer guerras, conflictos armados, persecuciones por diversas razones o, directamente, la falta de esperanzas y verse forzado a emigrar. No puedo imaginar la situación de aquellos que envían a sus hijos solos en un barco desvencijado a cruzar el Mediterráneo. Y el barco se hunde. Y los pasajeros, por llamarlos de alguna forma, desaparecen. Y el sufrimiento se duplica porque al mundo occidental no le importaban vivos pero tampoco le importan muertos. 
Este martes ha habido una nueva tragedia en las aguas del Mediterráneo, la gran fosa común de este mundo. Han desaparecido 400 migrantes. 400 negros. Aunque a veces prefiramos negarlo para que nuestras conciencias descansen, 400 personas. 
Quizá hoy debería hablar de la constitución del Parlamento andaluz y de la difícil investidura de Susana Díaz que confirma la realidad de su derrota. Probablemente eso interese mucho más a los oyentes que la historia de esos los africanos que murieron esta semana en el Mediterráneo. Pero no puedo contribuir yo también a que ser negro sea tan poco importante.

lunes, 14 de octubre de 2013

On air: La vergogna di Lampedusa

Con retraso cuelgo mi artículo de este jueves, dedicado a la tragedia de Lampedusa. Sin embargo, no pierde vigencia porque este viernes volvió a ocurrir otra tragedia en el intento desesperado de los desheredados de la tierra africana por llegar a las costas europeas. Precisamente, este miércoles la APDHA ha convocado una concentración en solidaridad con tantas y tantas víctimas habidas y por llegar y en repulsa por la actitud de los gobernantes de Europa.

Ya han llegado a 300. Pero no hablamos de los espartanos que lucharon contra los persas en la batalla de las Termópilas. Los 300 a los que me refiero han tenido una semana de medios, quizá algunos días más, pero no pasarán a la historia. Entre otras cosas porque solo son 300 más. 300 cadáveres que han sido ya rescatados de la barcaza hundida en Lampedusa tratando de alcanzar el sueño europeo desde el continente africano. Pero en el barco quedan aún algunos y en el fondo del Mediterráneo muchos más. Hasta 25.000 africanos, según las estimaciones menos pesimistas, han perdido la vida huyendo de la pobreza y de la miseria.
Las dantescas imágenes de las hileras de féretros, muchos de niños, las historias contadas por los submarinistas, esa madre que se ahoga aferrada a su hijo de pocos años… la tragedia de Lampedusa sacude a todo aquel que pueda mantener un mínimo de humanidad. Pero nuestras reacciones son tibias, con poco compromiso aunque las dimensiones del desastre admitan difícil comparación.
Cuando los africanos mueren poco a poco, no interesan. Si no mueren pero se juegan la vida tratando de saltar una valla, cada vez más alta, cada vez más fortificada, se convierten en asaltantes, en amenaza. Si mueren muchos a la vez en nuestras costas volvemos la cara un rato. Es la hipocresía de esta Europa. Una Europa cada vez más fortificada que no se para a pensar en los desheredados que se quedan a las puertas.
Y llegan los gobiernos, los mandamases de Bruselas, de Frankfurt, de Estrasburgo para prometer dinero en inmigración pero no cuentan en qué lo gastarán. Porque Europa ya se gasta mucho dinero en los inmigrantes subsaharianos. Euros para que los gobiernos del norte de África controlen a los inmigrantes y que estas tragedias no sucedan en nuestras costas que eso llama la atención de la opinión pública y nos hace mirar a África. Los muertos africanos en los desiertos tampoco importan.
Pero los gobiernos no cuentan que en Italia cambiaron las leyes para que cualquier ayuda prestada a un inmigrante se convierta en delito y que, tal vez por eso, dos pesqueros que divisaron a la embarcación a la deriva no pusieron empeño en rescatarlos.
Hoy aprovecho que hemos vuelto por unos días la cara para fijarnos en lo que les pasa a los que buscan el sueño europeo para advertir que mañana, la semana que viene y el mes próximo la tragedia seguirá ocurriendo y que nuestro compromiso después de haber esquilmado el continente africano, sostenido a dictaduras y desempoderado a los pueblos va más allá de pagar los entierros. 

jueves, 8 de agosto de 2013

On air: De Glasgow a Bruselas

Bruce Reynolds, cerebro del asalto al tren de Glasgow.
Foto de mafiatoday.com
Mi amigo Lorenzo Benítez recordó ayer que hoy se cumplía medio siglo del asalto al tren de Glasgow y me sirvió en bandeja la idea que hoy he trazado en mi columna. Si aquel atraco fue el robo del siglo, en el siglo XXI estamos sufriendo un saqueo mucho peor y sus culpables no son prófugos de la Justicia sino todo lo contrario. Supuestos prohombres (y promujeres, si se me permite), que dirigen el día a día desde su cómodo despacho y cobrando, como Cristine Lagarde, 328.000 euros al año limpios, le dicen a alguien que cobra 600 euros al mes que tiene que cobrar menos.

Me recordaba ayer un amigo que hoy se cumplen 50 años del gran atraco del tren de Glasgow. Poco más de dos millones y medio de libras esterlinas de la época fue el botín que la banda liderada por Reynolds consiguió en 15 minutos. Aquella historia dio lugar a películas memorables y al mito de lo que se llamó el atraco perfecto o el robo del siglo. 
Pero claro, aquello era el siglo XX. En el siglo XXI el atraco perfecto no lo protagonizan rateros encapuchados y armados. En el siglo que vivimos, el gran robo lo están desarrollando las élites financieras sobre las espaldas de la masa de trabajadores de la Europa mediterránea. 
Podemos pensar en los griegos, víctimas de las mentiras de su gobierno y de una presión financiera que les ha llevado a incrementar los impuestos, reducir los salarios, suprimir puestos de funcionarios y hasta a poner a la venta sus islas. O los portugueses, a los que la Troika les ha restringido los servicios sanitarios, las pensiones, los sueldos,… pero ni unos ni otros logran salir de ese túnel en el que su tren está siendo asaltado. 
No estamos mejor nosotros. Después de cuatro años de recortes, dos zapateriles y dos mariánicos, la fotografía de nuestra realidad asusta. Teníamos un IVA al 16% que ya va por los 21 puntos porcentuales. Los salarios no han crecido pero eso no ha detenido la inflación ni el paro. Como no detuvo el paro la reforma laboral que facilitaba el despido, sino más bien al contrario. La consecuencias se perciben por todas partes. Aumentan las personas que viven en la calle, la desnutrición infantil –a pesar de que algún cenutrio diputado quiera culpar a los padres-, la falta de consumo, las penurias de los autónomos, la pobreza. 
Por si fuera poco, desde el FMI y la Comisión Europea se reclama un apretón más de cinturón, un recorte de salarios del 10%. Son los mismos que se embolsan sueldos de más de 300.000 euros limpios al año por no predecir la catástrofe y no saber salir de ella. 
No se trata de que se haya acabado el dinero. La cuestión es que está en unas manos. Las de los especuladores, las de los políticos ensobrados y las de los ejecutivos con indemnizaciones millonarias cuando son despedidos que reclaman salarios más bajos para sus trabajadores. Por eso no queda dinero para nosotros, porque lo tienen todo ellos. 
No han asaltado un tren. Han saqueado una generación de trabajadores, de jóvenes, de parados. Con el arma de la austeridad nos están quitando el futuro y nos siguen robando porque para estos ladrones ningún botín es suficiente.

jueves, 3 de enero de 2013

On air: Baltasar es negro

Lucas será el Baltasar en Cádiz
Este jueves he escrito dos artículos. Uno, sobre la situación político-social en la perspectiva del nuevo año que se ha quedado en el baúl y que, probablemente, publicaré en el blog mañana. Sin embargo, he preferido hacer una columna para Radio Cádiz algo más navideña dedicada a los Reyes Magos. En realidad surgió a partir de una conversación con un amigo sobre el rey Baltasar y quienes lo emulan en España.


Reconozco que de todas las fiestas navideñas, mi día preferido es el de los Reyes. No me gustan las uvas y nunca ligué en un Fin de Año. El 1 de enero las calles tienen resaca. A mi casa sólo llegó Papa Noel porque me educaron en las tradiciones clásicas. Tengo presente algunas nochebuenas realmente buenas y muchos días de Navidad en familia. Pero pese a todo me quedo con el día de los Reyes Magos. 
No se trata de una cuestión nacionalista porque a mi me gustaban los Reyes Magos cuando se creía que eran de Oriente y no como ahora cuando ha dicho el Papa que son andaluces. Mis mejores recuerdos están asociados a la ilusión de la espera, metido en la cama con un ojo entreabierto tratando de sorprender a los Magos en su impresionante aventura de acudir a todas las casas del mundo a llevar los regalos. También las sorpresas al contemplar los juguetes y, por qué no, alguna que otra decepción acumulada en los años. Aunque de estas últimas pocas gracias a que a mis padres nunca les faltó el trabajo ni la salud para desarrollarlo. 
Ahora he cambiado de bando y observo en mi hijo esa ilusión reflejada en sus ojos cada vez que hablamos de los Reyes Magos. Él no sabe aún que es un afortunado porque su madre y yo podemos pagar las facturas de los juguetes que la noche del 5 entren en casa. Mientras, muchos niños tendrán que conformarse con la caridad de Asociaciones y la solidaridad de la buena gente que sirven de parche pero que no solventan el verdadero problema de justicia social que subyace en la España del 2013. Otros no tendrán ni esa fortuna y amanecerán el día 6 con el salón vacío mientras que sus padres se muerden los labios para no llorar. 
Regreso a la dinámica de contemplar cabalgatas y me llama la atención lo poco que han cambiado los Reyes Magos en España. Cada vez son más y hay nuevas figuras como el Cartero y la Estrella. Por cierto, aprovecho la ocasión para mandarle un abrazo al Cartero Real de Cádiz. Seguro que su madre estaría orgullosa de verlo llenando de ilusión la cara de tantos niños. 
Sin embargo, lo que no ha cambiado apenas es la figura de Baltasar. En una sociedad como la nuestra, multicultural y cada vez más interracial, resulta ridículo que no sean personas de raza negra quienes representen al mago negro. Se prefiere a un personaje de relevancia con la cara pintada. Si el papel de las mujeres queda relegado a la Estrella de Oriente porque los Reyes Magos eran hombres, cómo se consiente suplantar la raza de uno de ellos. Salvo las excepciones de futbolistas y médicos las cabalgatas de España se llenan de maquillaje para no acudir a la realidad de esta nueva sociedad. Como si un vendedor ambulante, un obrero de la construcción o un camarero no pudieran despertar la ilusión de tantos niños.

jueves, 15 de noviembre de 2012

On air: Mis paradojas ante la Cumbre

Una de las cosas que no me gustan de la Cumbre:
el monumento del Bicentenario.
Foto de lavozdigital.

Ya pasó la Huelga General. Como siempre, baile de cifras, unos pensando en los que no permiten a sus trabajadores ejercer su derecho, otros insistiendo en los que coaccionan a los que van a trabajar. Lo de siempre, vamos. Y en estas Cádiz se planta ante la Cumbre Iberoamericana. Y a mi me surgen muchas dudas. Dado que carezco de la seguridad del pensamiento único, sea de un lado o de otro, veo muchas cosas que no me gustan, pero me gusta que se celebre la Cumbre. Un poco la propia esencial del título de este blog. Lo trato de explicar en la columna de hoy aunque no sé si me explico bien.

No tengo clara la utilidad de una Cumbre Iberoamericana. No creo que sólo sea cosa mía. Incluso sus propios protagonistas cuestionan el formato y el sentido de una reunión de este tipo. Desde el famoso “¿Por qué no te callas?” la imagen que se transmite parece recordar más tiempos pretéritos en los que los virreyes rendían cuentas al imperio colonial que una reunión de iguales. Durante dos décadas España le ha dado la espalda a Iberoamérica enfrascada como estaba en su nueva condición de rica europea y ahora se somete para tratar de recuperar vínculos históricos. Resulta paradigmático oír hablar al ministro Margallo de establecer vías para la emigración de españoles a Hispanoamérica cuando durante estos años se han puesto todos los obstáculos posibles, y se siguen poniendo, a la llegada de los habitantes de estos países a la Madre Patria.
 No soporto la marginación histórica que en este tipo de contextos sufren los pueblos indígenas. De todos los presidentes que vienen a Cádiz, sólo Evo Morales y Ollanta Humala tienen ese origen. Mientras, en Chile, Honduras o Guatemala, por poner tres ejemplos, los descendientes de los primitivos habitantes de esas tierras sufren la explotación y la violencia institucionalizada de sus gobiernos.
No me gusta que mi ciudad esté tomada por la policía. Parece sitiada, doscientos años después. En un momento en el que la seguridad se basa más en la inteligencia y en la investigación, nos volvemos a encontrar con demostraciones de fuerza que no contribuyen a la prevención sino, en todo caso, a la represión. Todo ello sin olvidar el gasto que supone para las depauperadas arcas públicas movilizar a tantos agentes.
No entiendo la razón que ha llevado al Subdelegado del Gobierno a prohibir la Cumbre Alternativa que se iba a celebrar en la Facultad de Filosofía y Letras y desterrarla hasta Puerto Real. Ya sabemos que a este Subdelegado le gusta mucho prohibir y que, con tanta prohibición, se ha encontrado con varias sentencias judiciales que le afean ese exceso de celo. Se sabe que en la Cumbre se hablará, entre otras cosas, de la droga en general y de la coca en particular. No sabemos si el Subdelegado tiene una ponencia sobre cómo perder 300 kilos de cocaína y no dimitir.
Y dicho todo esto, si la Cubre ha de celebrarse, me alegro de que sea en Cádiz. Es, sin lugar a dudas, el gran éxito de este Bicentenario. Durante dos días, Cádiz alcanzará una repercusión internacional de la que ha carecido el resto de la conmemoración. Estoy seguro de que los gaditanos estarán, como siempre, por encima del evento y dejarán el nombre de Cádiz en todo lo alto. Otra cosa es que cuando todo esto se acabe, tengamos que comenzar a pedir cuentas a nuestros gobernantes. 

jueves, 13 de septiembre de 2012

On air: Catalonia is not Iceland

Alguno de mis oyentes habituales me ha dicho que le gusto más cuando hablo de Cádiz y no me ando por las ramas ni me meto en berenjenales lejanos. Puede ser. Pero es que a mi me gusta hablar de lo que se me apetece y, en este caso, me apetecía dar mi opinión sobre la manifestación de la Diada en Barcelona. No soy yo de los que me alarmo porque alguien no quiera ser español. Más bien al contrario. Yo mismo, si pudiera, elegiría otra nacionalidad. Ahora bien, siempre con la defensa del derecho de autodeterminación y mi respeto a mis amigos catalanes, creo que tienen que tener cuidado.


A estas alturas de la película simpatizo con los que quieren abandonar España. Sólo hay que pasear por la calle, hablar con los jóvenes que llenan nuestras universidades o con los que no pueden ni estudiar ni trabajar para comprender que la esperanza de un futuro mejor pasa por dejar atrás la piel de toro y buscar nuevas oportunidades. Muchos de esos cinco millones de parados quisieran ser suecos, canadienses o austriacos para estar al otro lado de la cuerda, para ver la vida de otro color.

Se trata del dinero, por supuesto, de las cifras de paro, del nivel salarial, de las relaciones laborales. Y de los recortes, evidentemente. De que cuesta más caro el material escolar por si los compra un arquitecto, de que se reduce la atención sanitaria, de que hay que pagar más por los medicamentos, de que cada vez hay menos profesores y más alumnos,…
Pero creo que hay algo más. Creo que la atmósfera en España se está haciendo irrespirable. El comienzo de la crisis quedó marcado por la cortedad de miras de los que gobernaban y la dureza de una oposición implacable. Después cambiaron las tornas y los implacables no saben qué hacer y, por supuesto, de la oposición nada podemos esperar.
La sensación es que nadie sabe dónde vamos. Vivimos en un Estado en el que el presidente del Gobierno sólo dice la verdad en finlandés. Un país que no se gobierna a sí mismo sino que sobrevive cumpliendo condiciones que le vienen impuestas por dirigentes que no escogió. Un país sometido a la dictadura de los mercados y que se planta ante el precipicio de convertirse en Grecia o en la siempre pobre y denostada Portugal.

Si eso que han venido a llamar transición nacional desemboca en una auténtica revolución social serán afortunados. Ahora bien, si lo único que quieren es que en lugar de rescatarlos Madrid los rescate Bruselas, si se trata sólo de cambiar la bandera bajo la que estar sometidos me parece un movimiento estéril. Porque, sinceramente, entre el liderazgo de Rajoy y el de Mas, entre la corrupción de Urdangarín y la de Félix Millet, entre los recortes de Ana Mato y los de Boi Ruiz, entre la demagogia de Durán i Lleida y la de Esperanza Aguirre, no me quedo con ninguno.
Entre los que quieren irse está ese más de millón de catalanes que salieron a la calle porque están hartos de esta España. Los comprendo. De hecho, somos muchos los que estamos hartos. Catalanes que quieren ser Islandia o Suiza. Pero es muy posible que no lo consigan. No porque no lo merezcan o no sean capaces sino porque allí, como aquí, lo que está pendiente no es una declaración de independencia sino un cambio en el reparto del poder de decisión, una redefinición de la democracia.

jueves, 6 de septiembre de 2012

On air: Merkel, las mujeres españolas se masturban


Ayer se supo que una concejal del Ayuntamiento de Los Yébenes (Toledo) iba a presentar su dimisión por haberse difundido un vídeo en el que se masturbaba. Que alguien dimita por eso mientras que tantos y tantos mangantes, corruptos, prevaricadores y malversadores siguen en su puesto resulta difícil de explicar. Yo he intentado explicárselo a Ángela Merkel, que está aquí para revisar sus tierras y cuánto le va a sacar a la inversión que ha hecho..










Hoy viene la dueña del cortijo a visitarnos. La señora Angela Merkel, la que presta el dinero alemán para que paguemos nuestros intereses a su banca mientras que las empresas alemanas compran a precio de saldo lo mejor del tejido productivo español.
Ahora que está aquí habría que explicarle a la señora Merkel que España es un país raro. No me refiero a eso de que seamos un Estado con 17 ordenamientos jurídicos. Eso que a algunos criados en la unidad de España les resulta extraño, para la canciller alemana, con sus Länder le debe parecer lo más normal del mundo.
Tampoco habrá que explicarle nuestros despilfarros que ella seguro que ya conoce los aeropuertos sin aviones y las estaciones de AVE sin pasajeros. No creo siquiera que pregunte por qué mientras que recortamos en todo, pagamos una exhibición de aviones de guerra que juegan a las batallitas en nuestras playas.
Lo que quizá sí haya que aclararle a Merkel, tan recta, tan alemana ella, es nuestro curioso concepto de moral. Habría que precisarle que en Madrid, la presidenta de la Comunidad que más financia los movimientos religiosos ultracatólicos y raja de las subvenciones, cambia de discurso y ofrece mamandurrias a un oscuro inversor americano que pretende crear en su territorio una ciudad de ruletas, tragaperras y otros vicios.
Y si pregunta por nuestro concepto de responsabilidad política, entonces si se puede volver loca. Ella que viene de un país donde el ministro de Defensa dimitió por copiar su tesis doctoral y el Presidente de la República por sospechas de cohecho, mejor que no pregunte sobre políticos españoles dimitidos. La única respuesta que encontrará es que se plantea dimitir una concejala de un pequeño pueblo de Toledo porque se ha difundido un video suyo masturbándose. Ni los casos de corrupción, ni los bancos quebrados, ni la malversación de fondos públicos, ni los escándalos en la monarquía,… 
No sé si será la herencia de nuestros 40 años de nacionalcatolicismo o la influencia de la pacata sociedad norteamericana. La presión muda, discreta de un pueblo pequeño en la España profunda ha bastado para que una concejal sienta que lo mejor para ella y su familia es dejar el cargo. Lo que debería saber la concejal es que, conociendo este país, aún seguirán burlándose de ella, cuchichearán a sus espaldas. La liberación sexual de la mujer está aún pendiente. Que se acuerde de la que le cayó a Nevenka por no callar mientras que su acosador está ya de regreso en el Ayuntamiento de Ponferrada. Tenemos tanto camino para llegar a ser Alemania. Pero no sólo en lo económico que, a lo mejor, es más consecuencia que causa.

jueves, 30 de agosto de 2012

On air: Masa enfurecida

Lo reconozco, me gusta meterme en charcos. Bueno, quizá sea más correcto decir que me gusta mantener mi opinión aunque sepa que es minoritaria. Si está fundamentada en mis principios y mis valores y la considero sólidamente justificada, me gusta mantenerla y no me importa estar en el trozo pequeño de la tarta. Más aún viendo el color y el sabor que está cogiendo la tarta. Por eso no me ha importado lanzarme en mi primera columna de las vacaciones a hablar del Caso Bretón y la respuesta de la masa enfurecida.


Como ser humano me parece aterradora la muerte de dos niños. Como padre, que esa muerte pueda deberse a la actuación de su progenitor me resulta, directamente, una auténtica aberración de la conducta humana. Una deformación de una mente despiadada que antepone su persona a los seres a los que debiera querer y cuidar. Entiendo, por ello, el estupor y el enfado de tanta buena gente que contempla aturdida una posibilidad tan desagradable. Más aún cuando el tratamiento policial del caso ha dado lugar a una serie de desmentidos, equívocos e incertidumbres.

Sin embargo, la sorpresa y la consternación ante los informes forenses que desmienten los anteriores informes policiales, se convierte pronto en el linchamiento y un tratamiento mediático macabro digno de un país en el que el límite entre la información y el morbo se difuminó hace mucho tiempo.

Me solidarizo con esa madre a la que le han arrebatado sus seres más queridos pero me cuesta comprender qué mueve a una persona que ni le va ni le viene el asunto a hacer pintadas ofensivas en la casa de unos abuelos que nunca verán el séptimo cumpleaños de su nieta ni responderán a las cien mil preguntas de su nieto. Lo mismo me sucede con los que piden el endurecimiento de penas.

Pasó con Mari Luz, pasó con Marta del Castillo y antes con las niñas de Alcásser. Ya sé que predico en el desierto y en pocos meses veremos una nueva reforma penal para endurecer aún más las penas en España porque la legislación penal en nuestro país se hace a golpe de programa de telebasura. Se incrementarán las penas, se endurecerá el Código Penal y seguirá habiendo casos como éstos. Porque no creo que nadie en su sano juicio pueda creer que un padre que mata a sus hijos tiene en cuenta para tan monstruosa acción las consecuencias penales que ello le supondrá.

Ni el endurecimiento de condenas, ni la cadena perpetua, ni la pena de muerte evitarán que de vez en cuando nos sobresaltemos con casos como éstos. Tampoco servirán para devolver esos hijos a su madre. Entonces, el único cometido de revisar al alza las penas es el de calmar las ansias de venganza de la masa enfurecida. No es nuevo ni exclusivo de nuestro país. En otros lugar lapidan pública y multitudinariamente a los criminales. En España preferimos hacerlo ante la tele, con una lata de cerveza en la mano. Pero la venganza no nos conduce a ningún lugar. Sólo nos supone un camino por el que perdemos derechos, garantías y libertades y nos envilecemos como sociedad, situándonos a la altura de los criminales. Además, generamos un sistema más propicio para que a ciudadanos inocentes les pueda pasar lo que a Rafael Ricardi o a Diego Pastrana.

jueves, 31 de mayo de 2012

On air: #Salvemos Valdevaqueros

La duna de Valdevaqueros en
imagen de lavanguardia.com
Hay días que no tengo temas y otros que no sé por cual decantarme. Esta semana ha sido uno de ellos. De todos he escogido el del proyecto de Valdevaqueros porque es una zona que me encanta y me parece un atentado ecológico de máxima categoría. No es que me considere un ecologista de manual, pero algunas cosas superan cualquier límite de tolerancia.


Dicen que fue el levante el que salvó la costa de Cádiz. Cuentan que a finales de los 60 un alto cargo franquista vino a realizar una visita para impulsar la costa gaditana como enclave turístico pero se encontró con un día como hoy, con el levante volándolo todo hasta a los buitres. Con Levante no hay sol, ni playa, ni chiringuito ni ninguno de esos tópicos que acompañan el descanso veraniego de las masas. Por eso aquel ministro prefirió irse a la Costa del Sol, siempre más resguardada del viento.
 La anécdota no sé si es verdadera pero explica que el desarrollismo de los 70 respetara la naturaleza del litoral gaditano. Mientras que el cemento se comía la costa mediterránea con símbolos como Marbella o Benidorm, en nuestra provincia aún se encontraban enclaves paradísiacos de dunas de arena dorada y fina. Bien es cierto que no todo se salvó y que también padecimos horribles esperpentos como el del Gran Hotel de Atlanterra aunque, hasta en ese caso, tuvimos la fortuna de que la Justicia y la economía provocaran la voladura de aquel adefesio costero, aunque tuviéramos que esperar más de dos décadas. Curiosamente, el levante, guardián de la costa, también se convirtió en fuente de ingresos para la zona. Convirtió Tarifa en el epicentro europeo del windsurf y fomentó un tipo de turismo peculiar, con un aire bucólico y hippy pero con un poder adquisitivo más alto de lo que parece. Además, los parajes naturales atraían turistas que generaban la intención en los desaprensivos de siempre de lucrarse aún pervirtiendo su condición paradisíaca. Sin embargo, por una razón o por otra los diversos proyectos que han tratado de socavar nuestros paraísos fueron rechazados, en El Palmar, en Trafalgar,… las bellas playas salvajes seguían siendo salvajes aunque cada vez menos vírgenes. Pero contra la crisis no podrá el levante. Esta semana es Valdevaqueros, uno de los últimos paraísos impolutos de nuestra costa el que está amenazado de muerte. La amenaza la firman un constructor con buenos contactos y un alcalde, muestra de la peor calaña de los políticos de la zona, tránsfuga de cuatro formaciones distintas y que ahora, bajo las siglas del PP, cuenta con la ayuda de andalucistas y socialistas. Esta vez el levante no será la solución para la conservación de nuestra costa. Esperemos que la Junta de Andalucía tenga el coraje suficiente para paralizar el proyecto. De lo contrario empezaremos a pensar que la presencia de Izquierda Unida en el poder autonómico es un brindis al sol. Pero sobre todo, habremos condenado a muerte a uno de los últimos rincones especiales de la costa del sur de Europa. Aunque quizá sea eso, quizá sea la forma de mostrar la opulencia de una economía decadente a esos inmigrantes que llegan en patera hasta la antigua playa de Valdevaqueros, futura urbanización de la vergüenza.

jueves, 9 de febrero de 2012

On air: Siria no está tan lejos


Foto AFP

Esta semana quería utilizar mi columna para gritar en nombre del pueblo sirio. Ver las imágenes de la matanza, el extermino al que está sometiendo a la disidencia el dictador me obligaba a no permanecer en silencio. Así lo he hecho, aunque para ello haya utilizado como excusa una historia presente y pasada española.

La Historia la escriben los vencedores. En cualquier tiempo y lugar ha sido así. Sabemos poco de la Atlántida que se hundió con todos sus secretos y mucho más de Jesucristo porque sus seguidores han sobrevivido al paso de veintiún siglos. El que vence escribe, el que pierde enmudece. Pinochet mutiló la versión de Allende y calló la voz de Víctor Jara. Los tanques silenciaron para siempre a quienes se alzaron pidiendo libertad en Tiananmen.  
Hilda fue de las vencidas, por eso, durante muchos años, permaneció callada. A su madre se la llevaron cuando quería abrir la escuela y la mataron. Su padre también era maestro. A él también lo mataron. Las tres hijas del matrimonio fueron separadas y nunca volvieron a vivir juntas. Ayer por la tarde Hilda contaba su historia entre lágrimas en La Ventana. La habían condenado al silencio de los vencidos, pero ahora quería y debía contar su historia.
La oía a ella con el corazón encogida y me acordaba de Siria. Es casi seguro que en algún lugar de Homs hay una Hilda, que se llama Fátima o Sara y que ha visto como los que gobiernan, los que tienen el poder y las armas han matado a sus padres.  
Ya son más de 7.000 los muertos en Siria en un baño de sangre cruel que propagan el gobierno y el ejército para sofocar la voz de quienes se alzan exigiendo libertad y derechos. Mientras, la comunidad internacional asiste impávida al exterminio. Es uno de esos problemas que si dijéramos que nos interesa poco, estaríamos concediendo el beneficio de que algo nos interesa.
Si la libertad no ve la luz en Siria, si la dejadez de la comunidad internacional permite que Bashar al Assad perpetúe su tiranía, la historia de Fátima o Sara, o la de cualquiera de esas mujeres que han perdido a sus hijos prematuros por el corte de la electricidad en el hospital, todas esas historias de las más de 7.000 víctimas tendrán que permanecer en silencio. Serán historias que los vencedores negarán a los vencidos.
A lo mejor, si después de 70 años, cuando el tirano haya muerto, la libertad y la democracia llegan a Siria, estas mujeres, como Hilda, contarán sus historias. Puede que, incluso, algún juez en Siria decida investigar quién mandó matar a esos padres, quién mandó cortar el suministro eléctrico del hospital, por el derecho de esas víctimas a saber, a ser resarcidos. Lo que es poco probable es que ese juez sirio se vea envuelto en un proceso que lo pretenda condenar por querer investigar las tropelías de la dictadura 70 años después. En realidad, esas cosas sólo pasan en España porque los vencedores no han dejado nunca de serlo.