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viernes, 12 de febrero de 2016

On air: Titererrorismo

Llevaba unas semanas sin colgar mis columnas para Radio Cádiz en el blog. Entre otras cosas porque en Radio Cádiz habían puesto una nueva web en la que iban a ser accesibles, pero como no las encuentro y alguien en Facebook me la ha pedido, pues ahí va la de este jueves.

Soy de la generación de los que crecieron con miedo a ETA. Evidentemente, nos caracterizan muchas más cosas pero cuando yo era niño y estaba ante el televisor viendo cualquier programa, si la emisión se cortaba y salían las palabras Avance Informativo eso suponía que ETA había matado a alguien. Es un recuerdo recurrente de mi infancia, esa tristeza por los fallecidos, sus parejas, sus hijos… pero sobre todo esa incomodidad por no saber cuándo, ni dónde, ni a quién. 
Tal vez por eso me indigna especialmente que haya autoridades políticas que utilicen el terrorismo a su antojo para conseguir votos y denostar al adversario. Por eso me repugna que un Ministro del Interior azuce el fantasma de la ETA para atacar a un posible futuro Gobierno que, en el caso de alcanzarse, será el Gobierno de todos los españoles. O que el Ministro de Asuntos Exteriores diga en público que según el pacto del que se trate España puede desvincularse del apoyo internacional contra el terrorismo islamista. Son sandeces. Pero sandeces malvadas que, estas sí, hurgan en el dolor y los fantasmas de nuestro pasado. 
Con todo, son cosas de políticos, a los que se les debe prestar la atención justa. En realidad, lo que más me preocupa es que la solidaridad con las víctimas y la lucha contra el terror amorfo, inesperado, inexplicable del terrorismo se haya convertido en una fórmula para esquivar el Estado de Derecho, que los terroristas logren su objetivo porque tengamos unas libertades cada vez más recortadas. O mejor dicho, que con la excusa del terrorismo los que nunca creyeron en las libertades tengan la coartada para recortárnoslas, para decidir qué podemos decir y a quién podemos criticar. 
Lo ocurrido esta semana con los titiriteros es un claro ejemplo de este discurrir de los acontecimientos. Que la fiscalía interprete lo ocurrido en una obra de ficción como un delito de enaltecimiento del terrorismo es muy grave. Que un juez de la Audiencia Nacional lo apoye resulta demencial y carente de ningún sustrato jurídico. Que en la opinión pública, sólo por intereses políticos, algunos utilicen el caso para considerar proterroristas a una parte de la ciudadanía es vomitivo. 
Lo sucedido después con las identificaciones de quienes se disfrazan de titiriteros, roza lo esperpéntico. En una ciudad como Cádiz, tan dada a la crítica y a la sátira, esta deriva debería preocupar y mucho. 
Estamos cada vez más metidos en un Estado policial en el que la Constitución sólo sirve para garantizar unidades y no para proteger libertades.

martes, 8 de diciembre de 2015

On air: Lágrimas negras

La columna de hace dos semanas tiene su origen en una de las noticias más desagradables que he leído en los últimos tiempos. Un partido de fútbol base tuvo que ser suspendido por los insultos racistas a un niño. Una de esas noticias que nos pone ante el espejo: ¿somos una sociedad racista?

Una de las nuevas condiciones que me ha generado ser padre es la de convertirme en padre de un pequeño futbolista. Desde hace unos meses mi hijo da patadas al balón en el equipo del barrio. Aunque sé que no me va a sacar de pobre, me encanta ver la ilusión con la que se pone el chándal del equipo y se va a entrenar o a jugar los partidos. 
Tengo que confesar, ahora que estamos en confianza, que apenas voy a verlo. No por él, sino por mi. No quiero dejarme arrastrar por esa pasión exacerbada que los progenitores de futuras estrellas tienen en las gradas. Es cierto que aún es pronto y que mi hijo y sus amigos conservan la inocencia de creer que llegarán a ser Messi o Cristiano. 
No sé si a los 11 o 12 años sigues manteniendo esa inocencia o simplemente juegas al fútbol por estar con tus amigos, por pasarlo bien, por hacer deporte. Lo que estoy seguro es que a los 11 años, ya te has dado cuenta de que tu color de piel es distinto al de la mayoría de los que viven al tu alrededor, de que eres negro. Probablemente, aun habiendo nacido en el mismo barrio, aun yendo al mismo colegio, aun jugando en el mismo equipo de fútbol, te das cuenta de que te tratan un poco distinto. A veces, incluso, te insultan. 
Eso fue lo que le pasó el otro día a un niño de once años cuando jugaba al fútbol. Un tipo en la grada comenzó a proferir insultos racistas. Y el niño, con sus nobles once años, con su sueño de ser Messi o Eto’o comenzó a llorar y le dijo al árbitro que no quería seguir jugando. El maldito racista le había arruinado su día de fútbol, le había amargado la fiesta que para cualquier niño es ponerse las botas, el uniforme y el chándal de su equipo. 
Es una anécdota, sí. Pero no. En el año 2014 los crímenes de odio racial crecieron en España un 24%. Vivimos en una sociedad distinta. Una sociedad que ha dejado de ser tan homogénea cultural, racial y religiosamente como la de nuestros padres. Y que lo será menos para nuestros hijos. Hay cinco millones de personas en España que no son españoles y otro millón que se ha nacionalizado pese a haber nacido fuera de nuestras fronteras.
Entre ellos hay negros, chinos, musulmanes, latinos,… Quien no se dé cuenta de eso, quien pretenda revertir eso, está viviendo en el momento equivocado en el país equivocado. Por eso, contra las actitudes racistas hay que ser socialmente intolerantes. No basta sólo con secar las lágrimas de ese niño al que no le dejaron jugar al fútbol en paz. Se trata de callar las voces de los energúmenos malnacidos que le gritan a un niño de once años por ser negro.

jueves, 15 de octubre de 2015

On air: Monjas, curas y arzobispos

Las declaraciones de ayer del arzobispo de Valencia han provocado que mucha gente ataque a la Iglesia. Sin embargo, sobre todo cuando hablamos de inmigrantes, es conveniente recordar que en la Iglesia hay una auténtica infantería que trabaja mucho por los más débiles. Ellos son los que más sufren estos desvaríos de su jerarquía.

Recuerdo del día que descubrí que mi amiga Inma era monja. Yo la había conocido enfrascada en esa guerra de guerrillas que llevaba contra las injusticias sociales, ayudando a las trabajadoras sexuales, las prostitutas, sin darles sermones, ni reproches morales, sin preguntarles de dónde venían, ni a qué Dios rezaban. Evidentemente, nunca llevaba el hábito así que el día que me lo dijeron, tuve que volver a preguntar: ¿Seguro?  
Es verdad que yo estaba lleno de prejuicios. Quizá por mi época del parvulario con la dureza vasca de la hermana Isabel. O antes de abrazar la fe del agnóstico cuando la hermana Rosario con su eterna sonrisa nos preparaba para la Primera Comunión. Ambas más preocupadas de lo que rezábamos que de lo que hacían. Por eso aquellas monjas eran muy distintas a Inma, que con su inmensa humanidad, en todos los sentidos del término, enseñaba al Jesús de los pobres, de obra y no de palabra. 
Al poco tiempo conocí al padre Gabriel. Otro hombre dedicado a los más débiles, ofreciendo cobijo, ayuda y protección a tantos como han llegado a nuestras costas en los últimos años. Otro de los que aplicaba aquello de haz el bien y no mires a quién.
Para mi la Iglesia es Inma, es Gabriel, o Lola, Laly, Mila y otras amigas con las que comparto esfuerzos para ayudar a construir otra sociedad, otro mundo. Si tengo que creer en un Dios es, sin duda, el de esta buena gente que se esfuerza por los más débiles y su oración es la obra y no la palabra. 
A veces, cuando oigo al Papa Francisco pienso que está en el mismo bando que mis amigos, que su Dios se parece al que a mi me gustaría que existiese. Es verdad que nos separan muchas cosas, pero hay algo en la preocupación por los que menos tienen en la que coincidimos.  
Sin embargo, después llega un arzobispo de Valencia, cuyo nombre mejor obviar, para hablar de invasión de refugiados e inmigrantes, para señalarlos como la cizaña de un supuesto trigo limpio. Un señor que dice venerar a quien nació entre pobres y fue perseguido pero que comparte ideología con la más reclacitrante utraderecha europea. Un tipo que se olvida de la caridad, como su antiguo jefe olvidó el voto de pobreza. 
No sé si la Iglesia necesita modernizarse. Ciertamente, me da igual, siempre que no se metan en los asuntos de todos. Pero cuando lo hacen conviene constatar que en España soportamos a la jerarquía católica más anquilosada y ultramontana de Europa. Y más la sufren los que de verdad son Iglesia.

lunes, 11 de mayo de 2015

DCDS 2015 v2. Día 4: Misterios por resolver

Diario de Campaña desde el Sur 2015. Versión 2. Día 4: Misterios por resolver

Lo que cambian las cosas. Recuerdo que en mis anteriores Diarios de Campaña sobre elecciones municipales tenía que buscarme material de toda España. Sin embargo, en esta del 2015 hay días que con la de Cádiz capital me sobra y me basta. Entre las encuestas mutantes, los programas misteriosos, el misterio del racismo del espejo un domingo de campaña se convierte en un día lleno de misterios por resolver.

La ideología misteriosa: el repugnante racismo del espejo
Nadie me va a encontrar nunca en ningún discurso racista o xenófobo. Parto de aquello que dice el artículo 1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos "Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos..." Por eso fui de los primeros en criticar el vídeo que censuraba a Teófila Martínez haber contratado a paquistaníes (no sé siquiera si son paquistaníes o de otro país) para poner los cartelones de las farolas. Cualquier argumentación que vaya por esa vía me encuentra enfrente.

Ahora bien, me parece bastante repugnante la actitud tomada por el equipo de Teófila Martínez queriendo señalar a los rivales políticos en ese racismo. Ella que votó en contra de la universalidad de la sanidad para los inmigrantes. Ella que votó a favor de la Ley que crea un estado de excepción en Ceuta y Melilla. Ella que está en el partido que defiende que Frontex no puede servir para rescatar inmigrantes.

Ha llegado incluso a la desfachatez (me parece una contradictio in terminis aplicar esa palabra a Teófila) de  advertir de una posible denuncia al vídeo. Curioso, a nadie del Partido Popular se le ha ocurrido denunciar la campaña de su candidata en Rubí. Idéntica de la del racista Anglada y su Plataforma por Catalunya.

El gráfico misterioso: la encuesta mutante
Andaban mis amigos de Ganar Cádiz algo tocados por el contenido de la encuesta de ayer en el Diario de Cádiz. Cádiz es como es y lo que publica el Diario va a misa. Aunque las demás daban otras cifras, las importantes son las que ofrecía el Grupo Joly.

Ya conté que tengo experiencias de errores en estas encuestas. Lo malo es que crean un estado de opinión y centralizan el voto útil. Es tradicional la infrarrepresentación que en las encuestas tenía Izquierda Unida y ahora Ganemos.

Lo curioso de la encuesta de ayer es que cambió a lo largo del día, tal y como se puede observar en las imágenes. En un primer momento, Ganemos Cádiz e Izquierda Unida se presentaban con resultados separados (2,82% para Ganemos, 2,15% para IU) pero, a medida que pasó el día se unieron dando un 4,97% de intención de voto para esta candidatura. Teniendo en cuenta que con un 5% se consigue un concejal en Cádiz, que la muestra tiene un error de +/-5% y que según parece se preguntó por separado a ambas formaciones resulta curioso que no se contemple la entrada de Ganar Cádiz en el Consistorio siquiera dentro de la horquilla.


Los seres misteriosos: los votantes de Ciutadans en Cádiz
Según las encuestas casi un 15% de los votantes de la ciudad de Cádiz se decidirán por Ciutadans. Sabiendo, porque imagino que lo saben, que Albert Rivera con su camisa planchada y su barba perfecta no se presenta al Ayuntamiento la duda que me surge es qué quieren esos siete-ocho millares de gaditanos.

Como la familia Dorao apenas ha hecho campaña, más allá de las generalidades sabemos poco de sus propuestas. Por lo tanto, lo esencial es qué harán el 25 de mayo. Una persona que en Cádiz vota a Ciudadanos no vota a Teófila, por ello parece extraño que sus votantes vayan a aprobar un pacto que permita a Teófila perpetuarse en el sillón de Salvoechea. Pero, a sensu contrario, tampoco creo que el votante de Ciudadanos apruebe un pacto que acabe con el Kichi dirigiendo el Ayuntamiento, que es el otro panorama posible. Un gran misterio. Todo ello, además, teniendo en cuenta que se trata de votos prestados que tienen que mantenerse para lo que realmente le interesa a Ciutadans, que son las elecciones generales.

Estaría bien que, cuando depositen el voto en la urna, los votantes de Ciutadans en Cádiz escribieran en la papeleta con quien quieren y con quien detestan que se alíe su partido.

El lugar misterioso: la centralidad política
Hablando de gente de centro, el giro de Podemos y sus secuelas locales es bastante llamativo. En esta idea de aglutinar votantes desprendiéndose de la ideología, leer el programa llama mucho la atención. Sobre todo porque bastantes de quienes participan en esa candidatura es gente que ha estado en Plataformas diversas defendiendo posicionamientos más radicales.

Por eso llama la atención que en el tema de desahucios, por ejemplo, la propuesta se quede en que "exigirá a toda entidad financiera que mantenga convenio con el Ayuntamiento que se comprometa a cumplir los estándares internacionales de Derechos Humanos en materia de desahucios". Tampoco van a quitar los pisos vacíos a nadie, como mucho "...un programa voluntario de fomento del alquiler
al que se podrán acoger los propietarios de viviendas vacías, con el objetivo de que estas se pongan a disposición de los demandantes de vivienda registrados en Procasa. Para incentivar la incorporación al programa, las viviendas que se acojan al mismo gozarán de beneficios en la aplicación del IBI durante el período en que estén incluidas en el mismo..."

Y tampoco se asusten los capillitas, en Semana Santa la única propuesta es "Inventario de la participación y financiación del Ayuntamiento en la Semana Santa".

Pues eso debe ser hacerse de centro.

sábado, 18 de abril de 2015

On air: Es difícil ser negro

Hacía tiempo que no colgaba mis columnas para Radio Cádiz en el blog pero esta vez me lo ha pedido una oyente y yo por las oyentes de Radio Cádiz, lo que haga falta. El texto se explica por sí solo y no deja de ser un lamento. Lo escribí antes de que desde APDH-A organizásemos una concentración el lunes, a las 20:00 en la Plaza de San Juan de Dios.
Tiene que ser difícil ser africano. Tiene que ser difícil ser negro. Tiene que serlo en Europa cuando ve que las cosas que les pasan a los de su continente a los de su raza importan bastante menos que las que les pasan a los blancos. A los europeos o, aún diría más, a los occidentales. 
Hace poco más de quince días, sin ir más lejos, un avión se estrelló en los Alpes. Una tragedia que provocó que incluso una institución como la Universidad de Cádiz guardara un minuto de silencio. Pocos días después se perpetró una masacre en una universidad de Kenia. Más allá de que nuestro siempre incapaz presidente del gobierno no ubicara territorialmente la tragedia, ¿creen ustedes que la Universidad de Cádiz guardó un minuto de silencio por los 148 estudiantes asesinados? 
Con demasiada frecuencia se nos olvida que Niger está más cerca de nosotros que Estocolmo, que Trípoli es más vecino nuestro que Viena. Es lo que Mikel Maziaran llama la cosificación del africano. 
Ejemplos tenemos para aburrir. Aquellas niñas secuestradas por Boko Haram. Los 15 muertos en el Tarajal, una actuación de la Guardia Civil con ese resultado y que no conlleva una investigación oficial y una exigencia de responsabilidades. Hasta los yihadistas nos preocupan de verdad cuando matan europeos. 
Evidentemente, si resulta difícil ser negro en Europa más difícil resulta vivir en África, padecer guerras, conflictos armados, persecuciones por diversas razones o, directamente, la falta de esperanzas y verse forzado a emigrar. No puedo imaginar la situación de aquellos que envían a sus hijos solos en un barco desvencijado a cruzar el Mediterráneo. Y el barco se hunde. Y los pasajeros, por llamarlos de alguna forma, desaparecen. Y el sufrimiento se duplica porque al mundo occidental no le importaban vivos pero tampoco le importan muertos. 
Este martes ha habido una nueva tragedia en las aguas del Mediterráneo, la gran fosa común de este mundo. Han desaparecido 400 migrantes. 400 negros. Aunque a veces prefiramos negarlo para que nuestras conciencias descansen, 400 personas. 
Quizá hoy debería hablar de la constitución del Parlamento andaluz y de la difícil investidura de Susana Díaz que confirma la realidad de su derrota. Probablemente eso interese mucho más a los oyentes que la historia de esos los africanos que murieron esta semana en el Mediterráneo. Pero no puedo contribuir yo también a que ser negro sea tan poco importante.

jueves, 26 de junio de 2014

On air: Niños pobres, pobres niños

Ni la coronación de Felipe VI, ni las obras en las murallitas de Cádiz, ni siquiera la sentencia elogiosa de la Jueza del 3 de Cádiz sobre Teófila Martínez (aunque esta noticia llegó más tarde). Para mi, lo más relevante de esta semana ha sido la constatación del crecimiento de la pobreza infantil en España. Creo que si hay un salario social justificado es un salario infantil en el que todos los niños, especialmente aquellos cuyas familias carecen de recursos, reciban una cantidad suficiente para su alimentación y cuidados. Y no los míseros puntos que da ahora la Seguridad Social.

Este año el verano se está resistiendo a llegar tal y como todos lo conocemos. De hecho, por primera vez en lo que yo recuerdo el día de San Juan, más que de fuego fue de agua por la tormenta que sacudió a Cádiz por la mañana. Aunque no traiga el calor tórrido lo que trae seguro el inicio del verano es el final del colegio. Los niños vuelven a casa por tres meses. Son los días en los que se pone a prueba la conciliación, el apoyo de los abuelos y la paciencia de padres e hijos. 
Es difícil en esta vida de precariedad y estrés que vivimos compaginar el cuidado de los hijos con el desarrollo de la profesión. Con todo, me siento un privilegiado. Al fin y al cabo mis problemas se reducen a encontrar quién se quede con los niños cuando tengo que trabajar o qué hacer con ellos cuando no trabajo. De momento, y por suerte, no me encoge el corazón cómo pagaré el techo en el que viven ni cómo compraré pañales, leche y yogures. 
Y es que según el estudio de Unicef publicado esta semana, no son ni uno ni dos los niños pobres que no tienen qué comer. En concreto, 2,3 millones de niños españoles viven por debajo del umbral de la pobreza. Si todos los habitantes de la provincia de Cádiz fueran niños, harían falta dos provincias como la nuestra para llegar a esos 2.300.000. 
Curiosamente, en estos mismos días el INE publicó el descenso de nacimientos en España. Nuestro tradicional déficit de natalidad se hace más profundo ante esta maldita crisis. Vaya paradoja, cada vez nacen menos niños en España y de los que nacen, cada vez son más los que pasan hambre. 
El compromiso por la infancia en este país debiera ser más serio pero, precisamente, en este último período el Gobierno ha recortado los apoyos a la infancia invirtiendo 772 euros por niño menos. Y mientras que los niños pasan hambre algunas Comunidades Autónomas se niegan a abrir los comedores escolares en verano para no estigmatizar. Como si hubiera mayor estigma que pasar hambre. 
Aún así, lo de los comedores es un parche. La solución debería ser más ambiciosa y afrontar la necesidad de favorecer la conciliación pero, sobre todo, de satisfacer las necesidades de los niños cuyos padres no pueden atender por esta maldita crisis. Ahora que se habla de Renta básica y salario social creo que el esfuerzo por la infancia en España debe hacerse realidad y si algo parece justificado es un salario infantil que acabe con la pobreza.

jueves, 5 de junio de 2014

On air: DEP Ricardi

Ricardi en su piso de El Puerto. Foto de elmundo.es
Ayer por la noche tenía preparado un texto para la columna de esta semana. No era sobre el rey Juan Carlos ni sobre la república aunque tenía un claro componente político. Sin embargo, sobre las 10 leí que había muerto Rafael Ricardi y, a partir de ese momento, tuve claro que la columna de hoy tenía que ser un pequeño recuerdo para un hombre maltratado por la sociedad en muchos momentos pero, especialmente, en los años que pasó en prisión injustamente.

Tengo que confesar a mis fieles lectores, si es que tengo algún lector que me sigue con fidelidad, que para esta columna de hoy tenía preparada otra cuestión, otro texto. Sin embargo, ayer me enteré de la noticia de la muerte de Rafael Ricardi Robles y no podía pasar la ocasión sin despedirme de él.
Aunque, en puridad, no conozco a Rafael Ricardi. No he hablado nunca personalmente con él. Pero de todas las experiencias que he vivido en los ocho años que llevo en la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía, la más bella, satisfactoria y reconfortante ha sido ver cómo mis compañeros Juan Domingo Valderrama y Antonia Alba se esforzaban y ponían su trabajo desinteresado al servicio de que un inocente saliera de prisión. 
Entre los colectivos con los que tratamos en la Asociación el de presos es uno de los más denostados. Pedir derechos para quien ha cometido un delito es ir contracorriente de esta opinión pública siempre tan maniquea. Casi más que pedirlos para los inmigrantes. Por eso visibilizar el error, hacer reflexionar sobre la estrecha línea entre culpabilidad e inocencia, sacar a la luz el problema de las prisiones, poner de relieve las torturas y las falsas confesiones que generan son objetivos prioritarios y complejísimos. El inocente en prisión que confiesa tras un largo interrogatorio y que al final, por un golpe del destino, logra probar su inocencia. La historia de Ricardi es de esas historias de manual por las que se hacen abogados algunas buenas personas. Las malas, ya se sabe, prefieren trabajar para el poder económico o político y llenar sus bolsillos. 
Vi a Ricardi en televisiones, en los periódicos, pero me quedo de él una imagen el día de la rueda de prensa que dio tras salir en libertad. En la sede de la Asociación de la Prensa de Cádiz, a Ricardi le preguntaron por la persona que le identificó y a causa de la que cumplió 13 años de condena injustamente. Rafael, con voz clara y pausada, dijo que no le guardaba ningún rencor y a mi se me heló la sangre al oír que quien había pasado tantas penurias no tenía su corazón emponzoñado, no sentía odio por aquella que lo acusó sin ser verdad. 
Porque a mi, lo que me llamaba la atención era su interior. Envidiaba su perdón, su alma limpia, su capacidad para seguir de pie después de 13 años privado de libertad. Día a día se despertaba consciente de que él no había cometido las violaciones y debía temer que nunca se hiciera justicia. 
Ricardi murió ayer, en la cama, durmiendo la siesta. Al menos no sufrió. Bastante sufrió en vida durante los 13 años que le robaron y que nunca podrán devolvérselos.

viernes, 23 de mayo de 2014

On air: 8 años de arresto domiciliario

La "vivienda" de Francisca. Foto de lavozdigital
Hace semanas que tenía pensado dedicar mi última columna en el Hoy por Hoy antes de las elecciones europeas a analizar las opciones de voto. Sin embargo, el jueves me desayuné con la noticia de Francisca Gil, una señora que llevaba ocho años sin poder salir de casa. Pensé en que hace ocho años yo vivía en Madrid, recién emancipado y aprendiendo a vivir en pareja. Por supuesto, no existían ni Diego ni Mar, no había empezado a trabajar en APDHA ni me había pasado al Derecho penal. Pensé en todo lo que he vivido desde 2006 hasta ahora y decidí dedicar mi columna al asco que me produce que haya personas que sigan sufriendo como Francisca, sin derecho a una vivienda digna. 

En el año 2006 España aún no había ganado ni mundiales ni eurocopas y el Cádiz estaba en Primera División. En España gobernaba Zapatero y en Andalucía Chaves porque, aunque existían los EREs, la intrépida jueza Alaya aún no le había hincado el diente al asunto. En 2006 en el sillón de San Juan de Dios estaba Teófila Martínez porque hay cosas que por mucho tiempo que pasen parece que no cambian. 
En 2006 la tasa de desempleo era del 8 por ciento, varios millones de parados menos que ahora. Entonces no había crisis, algunos vivían por encima de nuestras posibilidades aunque en Cádiz teníamos el nivel de desempleo más alto de España. Como decía, hay cosas que por mucho tiempo que pasen parece que no cambian. 
Pero ha llovido mucho desde 2006. Piénsenlo por un momento. Cuántas cosas han hecho desde entonces, cuánto ha cambiado su vida, cuántas cañas con amigos, cuántos días de trabajo, cuántos paseos por la playa. Pues ahora bórrenlo todo. 
Es lo que le pasa a Francisca Gil, una vecina de 90 años que vive en la calle Paco Alba. Desde 2006 no puede salir de su casa. Fue ese año cuando la operaron de cadera y por las condiciones de la vivienda, por llamarlo de alguna manera, que habita, lleva ocho años sin salir a la calle. No ha visto que Moral ha cerrado que donde estaba Solves ahora hay una tienda de cosmética y donde Tosso una de videojuegos. No sabe  que los circos siguen montándose en el solar en el que debería estar construido el nuevo hospital. No ha visto el nuevo Hotel Atlántico (en algo ha salido ganando) ni ha ido nunca a la nueva plaza con su rincón gastronómico. 
Ocho años sin salir de casa más que una realidad parece una condena. Una condena que está pagando una mujer gaditana, una anciana de 90 años cuyo único delito es vivir en una vivienda de renta antigua a la que los dueños no le dedican ni un euro y de la que las Administraciones se han olvidado. 
No es la única. Las historias que ayer se hicieron públicas de la calle Paco Alba número 4 o de las viviendas de República Dominicana, 11 estremecen. Al Ayuntamiento parece que el problema sólo le preocupa cuando se cae una casa. Los planes de infravivienda de la Junta fueron insuficientes y ahora Izquierda Unida nos cuenta no se qué de convivencia vecinal pero nada de inversión en acabar con esta lacra. 
Sea por unos o por otros, la cuestión es sigue habiendo gaditanos que no tienen el derecho constitucional a una vivienda digna. Los partiditos se mantienen en el siglo XXI.

jueves, 8 de mayo de 2014

On air: 223 negritas

Llevo casi dos meses sin actualizar este blog. Entre una cosa y otra mis últimos artículos no han merecido quedar por escrito para el recuerdo. Sin embargo, esta semana he decidio colgar, lo antes posible mi columna semanal. Es mi particular y mínimo homenaje a esas 233 niñas secuestradas para ser vendidas o casadas por la fuerza. Víctimas de tantas discriminaciones, en su condición de mujeres, en su condición de africanas e, incluso, en su condición de víctimas pasando por los breves de las noticias de los periódicos y perdidas entre cañetes y valencianos en los informativos de televisión.

Durante estos casi cinco años en los que Radio Cádiz me permite emitir mis opiniones los jueves, siempre he preferido que estas columnas estén centradas en Cádiz. No es sólo por participar en el programa más gaditano de la radiodifusión mundial como le gusta decir a Carlos Alarcón. Es también convicción propia. Con tantos opinadores sesudos, aunque no siempre formados, sobre cuestiones generales prefiero que mi humilde voz suene con el acento de esta ciudad que me vio nacer y en la que sobrevivo. 
Esta semana, no obstante, voy a hacer dejación de funciones gaditanas. Y eso que temas hay de sobra. Ahí están las viviendas del Matadero y el demoledor escrito de la Fiscalía, el nuevo criterio del PSOE aplicable a sus afiliados imputados díscolos o la promesa de reactivación de los astilleros en plena precampaña electoral. 
Pero ya tendremos tiempo de hablar de esas y de otras cosas de nuestro Cádiz. Hoy prefiero que este minuto y medio de radio sea un pequeño recordatorio de esas más de 200 jóvenes nigerianas que han sido secuestradas y que sufren la amenaza de ser vendidas como esclavas. 
Casi doscientas treinta chicas que llevan sufriendo la discriminación desde que nacieron. Por ser mujeres, como tantas niñas en el mundo que sufren la desigualdad justificada únicamente en su sexo. Podrían ser danesas y una de cada dos sufriría malos tratos. O podrían ser una de las 48 mujeres que murieron por violencia de género en España durante 2013 o las 24 que han perdido la vida en 2013. 
Pero para ellas es casi peor, porque son africanas y eso ya las convierte en víctimas de segunda. Incluso ahora, cuando sufren un secuestro, su humillación y su anulación como personas, padecen la desgracia de haber nacido lejos de los centros de poder, en ese continente olvidado. Si no fueran africanas, si hubieran nacido en Wisconsin o en Frankfurt hoy ese secuestro ocuparía las portadas y los intereses de los medios y los políticos. Ni siquiera son petróleo o armas de destrucción masiva para poner de acuerdo a la comunidad internacional. Pero al fin y al cabo, no son más que doscientas pobres niñas negras nigerianas. 
Más de 200 niñas cuyo futuro va poco más allá de ser esclavizadas o sometidas a un varón que las humille. Incluso si recuperan la libertad para salir de la miseria en Europa las esperamos con una valla de cuchillas. 
Con todo, hoy quiero pedir con estas líneas que esas niñas sean libres, ahora de su secuestro y después de la miseria y la discriminación.